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domingo, 22 de septiembre de 2013

ESPAÑOLES EN RUSIA.

CURIOSIDADES:





Durante ocho largos años, entre 1671 y 1679, el sacerdote aragonés Pedro Cubero Sebastián se embarcó en una dura y peligrosa travesía que le llevaría a recorrer –además de otros muchos territorios– buena parte del suelo ruso.

Nacido en 1645 en el pueblecito zaragozano de El Frasno (cerca de Calatayud), y formado en Filosofía y Teología en la capital aragonesa y en Salamanca –donde se ordenó sacerdote–, la curiosa aventura de Cubero comenzó en Roma en 1671. El joven maño –contaba por aquel entonces 25 años–, había acudido a la Ciudad Santa con la intención de conseguir que le nombrasen predicador apostólico, cosa que logró de manos de la Congregación de la Propaganda Fide.

Con la bendición de las autoridades vaticanas pretendía recorrer mundo hasta Asia y las Indias Orientales para extender en aquellas lejanas tierras los contenidos de los Evangelios. Y así lo hizo, hasta el punto de que se convirtió en la primera persona en dar la vuelta al mundo siguiendo una ruta de Occidente a Oriente, al contrario que Elcano. Durante este viaje, en el que llegó hasta Manila y más tarde pasó a México antes de regresar a España, Cubero tuvo ocasión de atravesar las frías e inhóspitas estepas y bosques rusos, dando buena cuenta de sus impresiones en sus memorias de viaje, Peregrinación del mundo, obra de la que se realizaron hasta tres ediciones en vida de su autor.

Tras pasar por Constantinopla –ciudad que causó un enorme impacto en su ánimo– y Varsovia, Cubero se adentró en los fríos y espesos bosques de Lituania hasta llegar a las orillas del Volga, río cuyas aguas siguió hasta alcanzar Astracán, mientras dejaba constancia escrita de todas y cada una de las poblaciones que iba atravesando a su paso. Pero antes de arribar a las orillas del mar Caspio, el sacerdote tuvo oportunidad de hacer escala en Moscú, donde pasó casi tres meses y medio y fue recibido por el mismísimo zar Alexei I, un hecho que tampoco dejó de anotar por escrito, entre otras cosas por lo curioso que le resultó el protocolo de aquella audiencia.

En la capital rusa Cubero tuvo ocasión de conocer a fondo sus principales monumentos e iglesias –tan diferentes a las que estaba acostumbrado el sacerdote español–, y también las costumbres y ritos propios del clero ortodoxo. Tras su estancia en Moscú, el aragonés continuó su viaje en dirección a Astracán, continuando por las aguas del caudaloso Volga y en compañía de un embajador del zar que el monarca puso a su disposición para que llegara sin contratiempo alguno a su destino.

Aunque no era español de nacimiento, James Francis Fitz-James Stuart, segundo duque de Liria y de Xérica, segundo duque de Berwick y nieto del depuesto Jacobo II de Inglaterra, desempeñó un importante papel para la corona española siguiendo las órdenes de Isabel de Farnesio, para quien luchó con el fin de recuperar Nápoles y Sicilia.

Con una hoja de servicios impecable –primero como coronel del regimiento de irlandeses al servicio de España, más tarde como teniente general de los ejércitos reales y finalmente como mariscal de campo–, Fitz-James Stuart fue el elegido para ejercer como primer embajador de España en la corte rusa. Allí llegó a comienzos de 1727 –cuando tenía 31 años–, acompañado por su amigo y también militar Ricardo Wall, irlandés que al igual que él servía a los intereses de España. La misión como embajador del duque de Liria pasaba por estrechar lazos de amistad con el joven emperador Pedro II, y evitar de este modo una posible –y nefasta– alianza de Rusia e Inglaterra, con la que España estaba nuevamente en guerra.

El duque de Liria se esmeró en ganarse la amistad de los rusos, y para lograrlo no dudó en hacer uso de todos los medios que estaban a su alcance, lo que incluía ingentes cantidades de vino. Fitz-James Stuart pensó que podría conquistar algunas voluntades con ayuda de los mejores caldos españoles. Los vinos consiguieron en buena parte su objetivo, pues los rusos agradecieron el gesto, pero la inversión terminó por arruinar al duque que, según él mismo cuenta en el diario de su estancia en Rusia, Relación de Moscovia, apenas tenía para pagar a su criada.

Aunque el militar y diplomático consiguió granjearse la amistad de buena parte de la corte rusa –se rumorea incluso que tuvo un escarceo amoroso con la futura zarina, Anna Ivánova–, y llegó a ser nombrado caballero en dos órdenes militares del país –la de San Andrés y la de San Alexander Nevsky–, su misión terminó en fracaso, pues en 1730 Rusia selló una alianza con Inglaterra, justo con lo que Fitz-James Stuart debía evitar. 


Por: Javier García Blanco

EL MISTERIO DEL CEMENTERIO DE VAMPIROS DE GLIWICE ES DESVELADO.

NOTICIAS:


El misterio del cementerio de "vampiros" de Gliwice (Polonia), diecisiete tumbas de hace más de cinco siglos con esqueletos decapitados que llenaron páginas de los medios locales este verano, ha sido aclarado por el mismo arqueólogo que descubrió los enterramientos. 

Eran "gente diferente, enfermos, jorobados, demasiado altos o demasiado bajos, por ejemplo; gente inocente usada como chivo expiatorio cuando llegaban amenazas como la peste", explicó esta semana Jacek Pierzak. 

Cuando los arqueólogos abrieron una antigua tumba cercana a una carretera en construcción cerca de Gliwice, sureste de Polonia, se encontraron con una escena que parecía sacada de una película de terror: un presunto enterramiento vampiro. 

El cementerio "vampiro" se descubrió en julio y ha resultado ser el enterramiento más grande de este tipo hallado hasta ahora en el mundo: 44 tumbas de las cuales 17 contenían cuerpos decapitados, con la cabeza entre las piernas, en la mano o sobre uno de los hombros, siguiendo el ritual con el que en Europa del Este se enterraba a los sospechosos de ser vampiros. 

Estos enterramientos confirmaban la práctica de la antigua creencia eslava que indicaba que a los considerados "no muertos" se les debía enterrar de manera especial, para evitar así su retorno al mundo de los vivos. 

"Los cuerpos pertenecían a personas que presuntamente fueron acusadas de ser vampiros", señaló Pierzak en una entrevista publicada por el portal tvn.pl, decapitadas "posiblemente con una espada" y por un "verdugo especialista". 

"Se trata de un ritual para evitar que el mal que presuntamente contenían esas personas volviera a la vida", añadió el arqueólogo, que considera que los allí enterrados no eran más que personas "diferentes" del resto, posiblemente con alguna discapacidad que hacía que el resto de la comunidad los mirase con recelo. 

En el considerado "cementerio maldito" de Gliwice descansan personas marginadas, degenerados, deformes o, simplemente, inocentes culpables sólo de ser diferentes, explicó Jacek Pierzak. 

Estas personas fueron víctima de "una emoción humana normal: el miedo a lo desconocido", añadió. 

Los enterramientos se remontan a finales del siglo XV o principios del XVI, apuntó Pierzak, quien reconoce que no ha encontrado ninguna mención a este cementerio "olvidado" en ninguna crónica o documento de la ciudad. 

En las tumbas no se encontró ninguna posesión de los fallecidos, como joyas, instrumentos o armas que permita tener más información de su origen; lo único que hallaron los arqueólogos en una fosa fue un elemento similar a una pinza de ropa.


FUENTE-EL Informador

jueves, 19 de septiembre de 2013

INDICIOS DE SEPULCROS REALES EN TEMPLO MAYOR.

NOTICIAS:


Los restos de siete aves hallados en un predio del Templo Mayor podría anunciar el descubrimiento de restos funerarios soberanos mexicas, pues éstas eran usadas como parte de las ofrendas mortuorias que se rendían a los mandatarios de Tenochtitlán, anunciaron el etnohistoriador Guilhem Olivier y el arqueólogo Leonardo López Luján, este último director del Proyecto Templo Mayor.


Olivier explicó que este descubrimiento surgió a partir de las excavaciones a las tumbas que presumiblemente pertenecen a los soberanos Axayácatl, Tízoc y Ahuízotl, sucesor es de Moctezuma II.

“Su presencia en los contextos arqueológicos del recinto sagrado, serían el mejor indicio de que los cronistas no se equivocaron y que aún se encuentran los sepulcros reales de Tenochtitlan, esperando a ser descubiertos”, expuso como parte del homenaje al historiador Alfredo López Austin en el Centro Cultural Universitario de la UNAM.

Entre los instrumentos que rodeaban los restos de las siete aves espátulas rosadas (tlauhquéchol en náhuatl) había una gran diversidad de artefactos y materiales como barras de copal, cuentas de piedra verde, cetros serpentiformes y cuchillos de pedernal.

Otros objetos encontrados en estas ofrendas son vestigios de animales marinos y terrestres, y otras aves como el águila dorada. Las siete aves tlauhquéchol, cuatro de ellas con evidencias de trabajos de taxidermia, fueron orientados en el sentido oriente-poniente y con la cabeza dirigida hacia el ocaso.

La presencia de estos ejemplares se explica por el significado religioso que llegaron a tener entre los antiguos nahuas, que las relacionaban con los difuntos, principalmente con los que pertenecían a los grupos de guerreros, los nobles y los reyes. Las espátulas rosadas tenían también connotaciones solares.

“Siempre se hallaron asociados a imágenes de divinidades del agua y de la fertilidad y cubriendo con su rico plumaje aquellos niveles compuestos por símbolos relativos al inframundo, descrito en las fuentes como de carácter acuático, nocturno y de la muerte”, leyó dentro de las actividades que forman parte del homenaje al antropólogo Alfredo López Austin.

Abundó todas estas aves fueron sepultadas bajo el piso de la plaza, exactamente al pie de la fachada principal de la pirámide (Templo Mayor) que da hacia el poniente.

En un comunicado, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) refiere que en este mismo perímetro de excavaciones se descubrió el monolito de la diosa Tlaltecuhtli en 2006.

“Al fallecer los soberanos mexicas, sus cadáveres eran cremados en una gran pira construida para tal efecto al pie de la fachada principal del Templo Mayor. Las cenizas resultantes eran colectadas en urnas o mantas y finalmente sepultadas en el Cuauhxicalco, edificio circular ubicado al pie y al poniente de la gran pirámide”, expuso a partir de citas a los cronistas novohispanos Hernando Alvarado Tezozómoc y Diego Durán.


FUENTE-El Informador.

EL PATRIMONIO IBERO SE EXPANDE EN 3D.

NOTICIAS:


El guerrero de la doble armadura, —la joya del conjunto escultórico de cerrillo blanco, en Porcuna (Jaén)—, ha adquirido mucha más envergadura histórica en los últimos tiempos y se presenta ahora con toda su potencialidad y con buen porte tras someterse a una digitalización en 3D. Eso sí, la tecnología ha permitido incorporar algunas de las partes que ahora no están reconstruidas físicamente.
Son las ventajas de un trabajo que va a permitir descubrir lo mejor de más de 500 modelos procedentes de los lugares y materiales arqueológicos más representativos de la cultura ibera en Andalucía con la realización del proyecto europeo 3D Icons, una iniciativa de la blibiteca didital Europea que consiste en difundir el patrimonio arqueológico de forma virtual.
Los conjuntos iberos del Pajarillo, Puente Tablas y Cámara de Toya: o la Necrópolis de Piquía, se recrearán en tres dimensiones junto a otros referentes del arte europeo como zonas de Pompeya, la torre Inclinada de Pisa, el Coliseo de Roma o el Palacio de Versalles en París. Y la lista de representación andaluza prosigue con el Hipogeo de Hornos de Peal, el Santuario de Altos del Sotillo o el de Cerrillo Blanco, (en Jaén); la necrópolis de Tutugi, en Galera (Granada), y la necrópolis de La Noria, en Fuente de Piedra (Málaga).

El instituto Universitario de investigación en arqueología Ibérica de la universidad de Jaén(UJA) es el encargado de digitalizar los modelos de los conjuntos andaluces. Un trabajo que se ha iniciado con 40 esculturas del conjunto de Cerrillo Blanco de Porcuna, cuyas piezas principales se exhiben en el Museo Provincial de Jaén. Alberto Sánchez Vizcaíno, coordinador de investigadores del proyecto, explica que para su digitalización se ha utilizado un escáner láser en 3D, y que la generación del modelo tridimensional por cada escultura supone unas seis horas de trabajo. Un trabajo para el que, de momento, se han necesitado dos meses y medio.
“Nos va a aumentar la información que tenemos de estas culturas porque la digitalización les va a dar la máxima potencialidad a cada modelo”, asegura Arturo Ruiz, director del Instituto Universitario de Investigación en Arqueología Ibérica de la UJA.
El más de medio millar de modelos en 3D que se prevén obtener, junto con materiales fotográficos, vídeos e información contextual, serán transferidos para su difusión a la Biblioteca Digital Europea. “El objetivo final es que todos estos materiales sean de acceso público y que cualquier persona, desde su casa, pueda entrar en el portal de esta Biblioteca y utilizarlos”, declara Arturo Ruiz.
La impronta del mundo ibero ha quedado dibujada en el paisaje andaluz. El patrimonio arqueológico de esta cultura —de entre los siglos VII y I a.C.— recrea un mundo de héroes, guerreros y otros ritos funerarios que tiene su principal exponente en la provincia de Jaén, donde hay más de 500 yacimientos inventariados. Gran parte de las piezas que ahora se van a ver en 3D engrosarán en un futuro próximo los fondos del Museo Internacional de Arte Ibero que se construye en la capital jiennense. Los resultados de este trabajo se pueden ver en la página.

FUENTE-El País 



ESPAÑOLES Y COMANCHES, LA GUERRA EN NUEVO MÉXICO.

CURIOSIDADES:


En 1775, el gobernador español de Nuevo México, don Pedro Fermín de Mendinueta, refería que, durante ese año, los españoles habían enterrado a seis neomexicanos por cada comanche muerto. Los comanches campaban a sus anchas por los actuales estados de Texas, Oklahoma, Kansas, Colorado y Nuevo México. En este último, incluso Santa Fe, la capital, sufría las amenazas e incursiones de los nuevos dueños de las praderas. De hecho, el pueblo de Pecos, a unos 40 kilómetros al este de la capital, y Galisteo, a menos de 50 kilómetros al sur, fueron las poblaciones más castigadas. Desde 1750, ambas plazas habían perdido la mitad de su población. Los ataques se habían hecho tan frecuentes que los supervivientes ya no se atrevían a trabajar los campos y en el verano de 1776 se alimentaban de pieles viejas de animales cocinadas en forma de torreznos o, a falta de éstas, freían suelas de zapatos viejos.
Atrás quedaban tanto los casi cien años que los españoles de Nuevo México habían tardado en encontrar la paz con los indios pueblo como los recientes acuerdos con los apaches, la tribu que, gracias a los caballos traídos por los españoles al Nuevo Mundo, se había hecho dueña de las grandes praderas desde mediados del siglo XVII. Los españoles habían construido sus ciudades más importantes al lado de los asentamientos de los pueblo, y la supervivencia de ambos dependía del entendimiento mutuo. Las relaciones con los apaches habían llegado a un nivel de confianza tal que éstos dejaban a sus mujeres e hijos con los españoles cuando los hombres salían a cazar búfalos durante varios meses. Pero parecía que los españoles habían elegido aliarse con la tribu equivocada.
Una de las razones por las que los apaches habían abrazado la paz con los españoles era la búsqueda de protección frente a los comanches, que se habían apoderado de las praderas a finales de la primera mitad del siglo XVIII. Habían desplazado a los apaches de las tierras fértiles y estos últimos habían encontrado el alivio en las tierras yermas y bajo la protección de los españoles.
La sociedad comanche se había expandido gracias a su dominio del arte de la guerra y al hecho de que su jerarquía social se basaba en las hazañas de sus guerreros. Los comanches coleccionaban cabelleras de sus víctimas, y éstas cobraban más importancia si habían sido arrancadas en el fragor de la batalla y no cuando el enemigo ya había muerto. El caballo se había convertido en el elemento clave de una guerra que los comanches dominaban por completo. Además, disponían de las mejores armas de fuego que se podían encontrar en la región gracias a los franceses, que siempre habían ayudado a las tribus más poderosas para frenar la expansión británica hacia el oeste; ni siquiera los españoles tenían tantos mosquetes como los comanches. El mismo gobernador De Anza compró armas de fuego a los comanches en la feria de Taos. Los comanches no hacían prisioneros: no tenían dónde guardarlos presos. Y en la batalla no mostraban ninguna compasión por sus enemigos, de la misma forma que ellos no la esperaban si eran derrotados. En la batalla, el comanche luchaba hasta la muerte.
Los españoles no estaban preparados para la guerra que llevaban a cabo los comanches. Por lo general, los apaches se habían conformado con robar los caballos de las poblaciones y rara vez sus rápidas incursiones se convertían en enfrentamientos directos, lo que limitaba el número de víctimas por ambas partes. Cuando los españoles eran atacados, enviaban a un grupo de soldados a la captura de los saqueadores. Años de disputas con los apaches habían permitido a los españoles conocer la gran mayoría de lugares que aquellos elegían para esconderse.
Los comanches llevaban a cabo sus ataques en grupos más numerosos, lo cual les permitía enfrentarse a sus defensores en superioridad de condiciones. Los españoles, en la mayoría de los casos, debían protegerse en el torreón de la plaza atacada y esperar a que los comanches se marcharan. Cuando la incursión terminaba, los comanches escapaban a lugares más lejanos y desconocidos por los españoles. La mayoría de las veces, los soldados españoles no lograban seguir el rastro de la partida de comanches, sufrían una emboscada por parte de éstos o se perdían en un terreno que no conocían. Otras veces, se topaban con un grupo de indios totalmente ajeno al ataque y descargaban su frustración en ellos. Desesperado, Fermín de Mendinueta escribió al virrey de Nueva España y llegó a considerar el abandono de Nuevo México si no recibía 1.500 caballos y más pólvora para los viejos mosquetes de sus soldados.
La situación fue a peor hasta que Juan Bautista de Anza tomó posesión del gobierno de Nuevo México en el año 1778. Venía de colonizar California y sabía que sólo conseguiría una paz duradera con los comanches mediante una demostración de fuerza. De Anza recibió los caballos que se necesitaban y reunió un ejército de 600 hombres entre soldados, colonos e indios pueblo. Sabía que no podía seguir luchando contra los comanches de la misma forma en que las tropas europeas se enfrentaban unas con otras. Los comanches evitaban los enfrentamientos directos en campo abierto. Basaban sus victorias en los ataques por sorpresa y en huidas vertiginosas.
De Anza golpeó a los comanches en su propio territorio. Cuerno Verde, el jefe comanche que había aterrorizado la zona durante años, protegía a sus mujeres y niños cerca del actual Colorado Springs. Era difícil llegar allí sin ser descubierto por los comanches apostados por todo el territorio. En agosto de 1779, De Anza optó por dar un rodeo por el oeste, tomando una zona más montañosa (el final de las Rocosas) que estaba controlada por los utes. En su camino, consiguió reclutar para su ejército unos doscientos hombres más, pertenecientes a los apaches jicarillas y a los utes.
Cuando llegaron al poblado de Cuerno Verde, el jefe indio y sus guerreros no estaban allí. Iban de camino a Taos para saquear la ciudad. De Anza atacó el poblado y cuando Cuerno Verde se enteró de la noticia se apresuró a volver. Los españoles le tendieron una emboscada, y Cuerno Verde y sus guerreros lucharon hasta la muerte. De Anza volvió victorioso y presumiendo de haber sufrido tan sólo una baja en la batalla. Ya estaba en posición de firmar la paz con los comanches.
Las distintas tribus comanches se mostraron divididas a la hora de buscar la paz con los españoles. De Anza aseguró que no aceptaría la paz con tan sólo unos clanes: firmaría si todos los comanches se ponían de acuerdo bajo un mismo caudillo. La facción de Toro Blanco pedía venganza, mientras que la facción del jefe Ecueracapa era partidaria de la paz. La estrategia de Juan Bautista de Anza dio resultado. Ecueracapa asesinó a Toro Blanco y la paz con los españoles fue posible. De Anza ofreció libre comercio a los comanches y éstos encontraron en la frontera del oeste de la Comanchería una zona donde comprar productos europeos y vender los caballos robados en el resto de sus territorios. La paz duró hasta 1821, año en que Nuevo México proclamó su independencia y dejó de pertenecer a España.
Hasta entonces, y durante doscientos años, una minoría de colonos y soldados logró gobernar la inhóspita frontera norte del Imperio hispánico gracias a los acuerdos de paz con las poblaciones autóctonas: primero, con los indios pueblo; luego, en el siglo XVII, con los apaches, y, finalmente, en el siglo XVIII, con los comanches.

martes, 17 de septiembre de 2013

CARLOS V

CURIOSIDADES:



En el año 1529, Carlos V pudo al fin realizar lo que había sido un sueño desde el principio de su reinado: viajar a Italia. A finales de julio zarpó de Barcelona y, tras desembarcar en Génova el 12 de agosto, se encaminó a Bolonia, doscientos kilómetros al este. A su llegada, el 5 de noviembre de 1529, en la puerta de la ciudad le esperaban veinticinco cardenales, casi todos ellos vástagos de los más ilustres linajes italianos. Al ver al monarca desmontaron de sus cabalgaduras y se inclinaron en señal de pleitesía. Para la mayoría de ellos, al igual que para el papa Clemente VII, miembro de la poderosa familia florentina de los Médicis, que también se encontraba en la ciudad, esto suponía una insufrible humillación. Dos años antes, en 1527, los soldados alemanes de Carlos habían saqueado brutalmente la Ciudad Eterna, en el episodio conocido como Saco de Roma. El propio pontífice había tenido que refugiarse en el castillo de Sant’Angelo para salvar la vida y se había visto obligado a pagar 400.000 ducados por su rescate y absolver a los saqueadores. Como los patriarcas del Antiguo Testamento, Clemente decidió dejarse crecer la barba en señal de duelo perpetuo. Pero ahora el papa y los cardenales estaban todos en Bolonia a fin de satisfacer el gran deseo de Carlos V: ser coronado emperador.
En realidad, Carlos V era emperador desde hacía once años. En 1519, a la muerte de su abuelo Maximiliano I, fue elegido como su sucesor por los siete grandes electores del Sacro Imperio Romano Germánico. Las intrigas de sus enemigos –desde los reyes de Inglaterra y Francia hasta el papa del momento, el Médicis León X, y otros príncipes alemanes– no pudieron nada frente a los 800.000 florines con los que los ministros de Carlos sobornaron a los electores. El 28 de junio de 1519 éstos se reunieron en la ciudad de Fráncfort para designar a Carlos de Habsburgo como «rey de romanos». Aunque este título lo convertía tan sólo en rey de Alemania, en la práctica comportaba el reconocimiento de los poderes imperiales.
Pero la elección debía ir seguida por una ceremonia de coronación; más exactamente, por tres ceremonias. La primera, la coronación como «rey de romanos», tenía que celebrarse en la capilla Palatina de Aquisgrán, la antigua capital imperial, donde al emperador electo se le imponía la corona de Carlomagno y se le hacía entrega de su espada junto con las otras insignias imperiales: el anillo, el orbe y el cetro. De este modo lo hizo Carlos V el 23 de octubre de 1520. La segunda coronación era la de «rey de los borgoñones» o «rey de Italia», y no tenía un lugar establecido, mientras que la tercera, la de imposición por parte del papa de la corona imperial propiamente dicha, estaba previsto que tuviera lugar en Roma, como habían hecho Carlomagno y muchos de sus sucesores.
Sin embargo, pasados varios años desde su elección, Carlos V aún no se había coronado como rey de Italia ni como emperador propiamente dicho. No era una situación excepcional. La coronación imperial de manos del papa había caído en desuso desde hacía tiempo, y, por ejemplo, el propio abuelo de Carlos, Maximiliano I, nunca se coronó en Roma. Pero a diferencia de sus antepasados, cuyo campo de acción había quedado circunscrito al ámbito germánico, Carlos tenía aspiraciones más amplias. La fabulosa herencia territorial recibida de sus ascendientes españoles, borgoñones y germanos lo había convertido en el soberano más poderoso de la Cristiandad, una posición confirmada con éxitos militares tan espectaculares como el de la batalla de Pavía, en 1525, que le valió el dominio sobre el norte de Italia. Carlos aspiraba a hacer realidad su lema, Plus ultra, «Más allá», y convertirse en un gobernante verdaderamente universal, como le susurraba su canciller, Mercurino Gattinara: «Dios, el Creador, os ha concedido la gracia de elevar Vuestra dignidad por encima de todos los reyes y príncipes de la Cristiandad, al convertiros en el mayor emperador y rey desde la partición del Imperio de Carlomagno, y os ha indicado el camino hacia la justa monarquía universal a fin de unir el orbe entero bajo un único pastor». De ahí la importancia que revestía para Carlos el hecho de ser coronado como emperador por el papa, un acto que sería posible dos años después del Saco de Roma, cuando Clemente VII y Carlos V sellaron su reconciliación mediante un tratado firmado en Barcelona.

RESTOS ORGÁNICOS DE MIL CIEN AÑOS EN LA QUEMADA.

NOTICIAS:



Los restos de granos carbonizados de maíz, frijol, calabaza y amaranto, de más de mil 100 años de antigüedad, descubiertos en 2012, sugieren que la zona arqueológica La Quemada, en Zacotecas, fue un asentamiento mesoamericano y no un lugar de peregrinación para grupos nómadas o chichimecas como se creía.


En un comunicado del Instituto Nacional de Antropología e Historia, el arqueólogo Marco Antonio Santos, responsable de esa zona arqueológica señaló que es la primera vez se descubren semillas en un contexto de tipo doméstico y dan cuenta de la alimentación.

Además, de acuerdo a investigaciones se descartó la posibilidad de que los granos hayan llegado vía comercio, porque de maíz y frijol ya han sido localizados de forma aislada en terrazas agrícolas del sitio prehispánico en exploraciones anteriores.

Durante las excavaciones arqueológicas en El Cuartel, los especialistas realizaron pozos de sondeo con los que identificaron tres niveles arquitectónicos colapsados. El primero fue un área de descanso o dormitorio; el segundo -donde se hallaron los restos vegetales y utensilios de cocina- era la terraza donde se preparaban los alimentos.

“Ambos corresponden a la etapa de mayor esplendor de La Quemada, entre 650 y 900 después de Cristo. Están hechos con lajas de piedra y aplanado de arcilla, unidos con fibras vegetales, arcilla y un aglutinante, posiblemente baba de nopal”, refirió el arqueólogo del INAH.

Santos refirió que el tercer nivel del conjunto -elaborado totalmente de adobe entre 900 y 1200 de nuestra era- quizá sirvió como punto de observación astronómica, ya que su orientación es hacia la salida del Sol y es la parte más alta, donde se ve ampliamente la mayoría de la urbe prehispánica.

“Además, durante el solsticio de verano nos hemos percatado que los rayos solares iluminan directamente el centro de la habitación”.

Por debajo del primer nivel se halló una subestructura de tierra de lo que pudo haber sido una plaza, preliminarmente data de entre 300 y 400 d.C., y tal vez tuvo una función ritual, con la posibilidad de que sea la continuación del edificio conocido como Sacrificios o la Media Luna, donde hace un par de décadas se localizaron varios restos humanos”, indicó el arqueólogo.





Paralelamente, se encontró la gran viga de madera, de 2.5 metros de altura y 30 cm de diámetro-, que hace suponer la existencia de bosques en la región, los cuales debieron desaparecer debido a la actividad minera de los últimos 450 años y de la cual se cree que funcionó como travesaño ente el priemro y el segundo nivel.

“Esto sumado a los restos vegetales que datan de entre 650 y 900 d.C., sugieren que la frontera norte mesoamericana estaba mucho más arriba de lo que se ha pensado hasta ahora”.

La Quemada fue un asentamiento prehispánico con una ocupación de 300 a 1200 d.C., con esplendor entre 650-900 d.C.; por las similitudes que guarda con la urbe prehispánica de Altavista, se ha asociado al desarrollo de la cultura chalchihuites, cuya influencia se ve en elementos de arquitectura (patios y crujías con cuatro costados y salones con columnas), diseños en cerámica y decorados con pigmentación verde, azul y amarillo, así como en grandes concentraciones de restos óseos humanos en algunos edificios.

“Dicha urbe -comentó el especialista-, localizada en el municipio de Villanueva, fue construida en cinco niveles sobre un cerro; en el segundo de ellos se localiza la estructura denominada El Cuartel, que fue el área habitacional de la élite del sitio prehispánico, y el cual comprende alrededor de 500 metros cuadrados”.

Santos adelantó que durante la siguiente temporada de excavaciones, que se realizará en los meses próximos, se continuará con las investigaciones y estabilización de El Cuartel; simultáneamente se seguirán realizando los procesos de restauración en los materiales hasta ahora descubiertos.


FUENTE-El Informador.