This is default featured slide 1 title

Go to Blogger edit html and find these sentences.Now replace these sentences with your own descriptions.

This is default featured slide 2 title

Go to Blogger edit html and find these sentences.Now replace these sentences with your own descriptions.

This is default featured slide 3 title

Go to Blogger edit html and find these sentences.Now replace these sentences with your own descriptions.

This is default featured slide 4 title

Go to Blogger edit html and find these sentences.Now replace these sentences with your own descriptions.

This is default featured slide 5 title

Go to Blogger edit html and find these sentences.Now replace these sentences with your own descriptions.

miércoles, 27 de noviembre de 2013

OFRENDAS DE CARNE DE LAS MOMIAS EGIPCIAS.

NOTICIAS:



Los trozos de carne momificada constituyen un hallazgo común en las antiguas tumbas egipcias, ya que la práctica de momificar comida se extendió hasta el final del periodo en que el embalsamamiento fue habitual, en el siglo IV d.C. Se sabe que, por ejemplo, el famoso faraón Tutankamón descansó acompañado de 48 cajas de madera que contenían trozos de carne de res y aves de corral.
Además de las ofrendas de frutas y cereales, a algunos difuntos se les colocaba carne en la tumba, un producto que, según Richard Evershed, bioquímico de la Universidad de Bristol en el Reino Unido, exigía algunas medidas para su conservación. ¿La solución?: momificarla.
Así, con el fin de averiguar qué productos químicos se emplearon para momificar la carne y si los métodos diferían de los utilizados para embalsamar a las personas y sus mascotas, Evershed y su equipo llevaron a cabo un análisis químico de varias muestras de carne momificada, y de las vendas que las envolvían, de tumbas de cuatro momias de nobles del antiguo Egipto que se encuentran en el Museo de El Cairo y el Museo Británico de Londres. Entre las muestras de carne había costillas de res, carne de becerro, de pato y una pata de cabra. 


Para algunos de los tipos de carne momificada, como la de becerro y la pata de cabra, el único conservante detectado fue cierto tipo de grasa animal utilizado para untar los vendajes. Sin embargo, el perfil más intrigante lo presentó la carne de res. El vendaje de esa carne momificada contenía restos de resina de un árbol del género 'Pistacia', publicó el equipo en la revista 'PNAS'. 


Esta resina se consideraba un artículo de lujo en el antiguo Egipto, afirman Evershed y sus colegas. Según los científicos, se empleaba para la obtención de incienso y barniz para ataúdes de alta calidad, pero no fue utilizado como resina para la momificación humana durante al menos 600 años. Estas investigaciones suponen un avance en el estudio de la carne momificada, un campo que hasta ahora ha recibido poca atención.



FUENTE-ActualidadRT.com

SE DESCUBREN NUEVAS ESTATUAS DE LOS DIRIGENTES DE TEBAS.

NOTICIAS:


Un equipo de arqueólogos dirigidos por el francés Christophe Thiers ha descubierto en las ruinas de Ermant, al sur de Luxor (antigua Tebas), dos estatuas de dignatarios egipcios, una que representa a Nebamon, escriba y médico del faraón, y otra al clérigo Ramose. 

Además, han sacado a la luz un fragmento de pared de un templo con relieves, según informó en un comunicado el Centro Nacional de Investigación Científica de Francia (CNRS), al que pertenece Thiers. 

En las mismas ruinas también aparecieron hace unos días conco cabezas de faraones esculpidas en la piedra. 

La estatua de Nebamon, en roca calcárea y de 93 centímetros de altura muestra la figura de este escriba y médico con una estatua en sus rodillas del dios Montu protegido en una naos o santuario sagrado en la parte interior de un templo. 

Ese personaje ya era conocido por otra estatua desenterrada en Ermant en 1980. 

La segunda encontrada ahora, en granodiorita de 68,5 centímetros de altura, muestra a Ramose, contemporáneo de Ramsés II, que expone en una mesa de ofrendas dos cabezas de halcón que personifican al dios Montu. 

El CNRS subrayó que se trata de una pieza "única" y que por ahora sólo se conocía a Ramose por una estatua conservada en Chicago y por su presencia en una tumba de Tebas en la que participa en una procesión en honor del dios de Ermant. 

El relieve del templo dedicado al dios Montu-Re es un bloque de piedra calcárea de 160 x 130 x 40 centímetros en el que se puede distinguir al dios de la muerte Anubis con cabeza de chacal. Según la primera datación, es del reinado de Amenemhat I, hacia el año 1.990 antes de Cristo. 

Por último, las cabezas de faraones, de entre 61 y 84 centímetros, han salido a la luz al desenterrar los cimientos de la parte delantera del templo de Montu-Re. 

Se encuentran en buen estado de conservación, ya que todavía se pueden distinguir pigmentos azules en la barba y rojos en la carne y en parte de la corona. Aunque no llevan asociado ningún jeroglífico que especifique el nombre, los arqueólogos estiman que remontan a la época del Medio Imperio. 

Su descubrimiento ha sido consecuencia de los trabajos de la misión conjunta del Instituto Francés de Arqueología Oriental, del Centro Franco-Egipcio de Estudio de los Templos de Karnak y del Laboratorio de Arqueología de las Sociedades Mediterráneas de Montpellier que se lleva a cabo desde 2004 en Ermant, la antigua Hermonthis, a unos kilómetros al sur de Luxor.



FUENTE- El Informador.

viernes, 22 de noviembre de 2013

DESCUBIERTO UN RECINTO RELIGIOSO DE LA ÉPOCA DE RÁMSES II.

NOTICIAS:


 Un equipo de arqueólogos hispano-egipcio ha descubierto un recinto religioso de la época de Ramsés II (1304-1237 a.C.) en la ribera oeste del río Nilo en la provincia de Luxor, en el sur de Egipto, informó la codirectora del proyecto, Myriam Seco. 

La arqueóloga destacó la importancia de ese complejo, hallado en el templo de Tutmosis III, ya que ''no se sabía que existía actividad en su interior''. 

En el recinto religioso se encontraron dos dinteles en los que se representa al sacerdote Jonsu y dos estatuas esculpidas en granito negro, una de ellas del propio faraón Tutmosis III. 

La responsable del proyecto hispano-egipcio de excavación y restauración de ese templo señaló que esas piezas se están estudiando, limpiando y restaurando. 

''Posteriormente, se llevará a cabo la documentación y el estudio epigráfico'' antes de su publicación y exposición, añadió Seco. 

El proyecto, que comenzó en 2008, cumple ya su sexta campaña, que finalizará el próximo 30 de diciembre después de tres meses de excavaciones. 

Se tiene previsto que los trabajos, codirigidos por Seco y Nur Abdel Gafar Mohamed, continúen el año que viene financiados por la Fundación Botín, el Banco Santander y la empresa cementera CEMEX.

FUENTE-El Informador.

jueves, 21 de noviembre de 2013

MAS DE 400 ESPECIES DE FAUNA EN OFRENDAS AL TEMPLO MAYOR.

NOTICIAS:


El arqueólogo Eduardo Matos Moctezuma  hará una revisión de los trabajos de especialistas que han contribuido en el estudio del material biológico encontrado en ofrendas del Templo Mayor y reflexionará acerca del análisis multidisciplinario de la fauna descubierta en las excavaciones arqueológicas.
El análisis de esas ofrendas del Templo Mayor que los mexicas dedicaban a sus deidades, ha revelado la presencia de más de 400 especies de animales, como moluscos, peces, aves, reptiles y mamíferos, entre ellos seis lobos, dos jaguares y 13 pumas, destaca un comunicado del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).
En unas 60 ofrendas, tanto las depositadas en cajas de piedra como las que fueron colocadas directamente en la tierra, se ha detectado presencia de fauna; en algunas se han encontrado restos de pieles de águilas y ejemplares completos, algunos ataviados como deidades.
De igual manera, se han descubierto objetos elaborados con los huesos, como punzones usados para rituales de autosacrificio que practicaba la élite.
Eduardo Matos Moctezuma, investigador emérito del INAH, indicó que “en el mundo prehispánico los diferentes animales tenían un simbolismo, se relacionaba a las serpientes con el agua, la tierra, el cielo, la fertilidad y el renacimiento; el águila correspondía al sol, el cocodrilo a la tierra. Y todos los elementos marinos que se han hallado, una cantidad enorme de peces grandes y especies más pequeñas, fueron traídos desde ambas costas”.
Matos Moctezuma abordará el tema durante su ponencia magistral “La fauna en el Templo Mayor”, el viernes 15 de noviembre en la Sala Polivalente del Museo Nacional de la Culturas, como parte del cierre de la celebración del 50 aniversario del Laboratorio de Arqueozoología del INAH.
Matos también hablará de los laboratorios de prehistoria, fundados en la década de los 60 por José Luis Lorenzo, quien invitó a colaborar a Ticul Álvarez, cuyo nombre lleva el Laboratorio de Arqueozoología del INAH.
Además, comentará sobre los primeros análisis de fauna ofrendada, cuando el antropólogo Manuel Gamio pidió al especialista Moisés Herrera que estudiara, además de unas esculturas de serpientes, el material biológico que él había encontrado en excavaciones en 1914.
El arqueólogo, quien en 1978 fundó el Proyecto Templo Mayor y de 1987 a 2000 dirigió el museo del mismo nombre, comentó que la fauna hallada en las ofrendas provenía de distintas áreas del país y algunos especímenes eran tributados a los mexicas.
Es el caso de la provincia de Xilotépec, en el occidente de los estados de Hidalgo y México, que tenía la obligación de tributar a Tenochtitlan diez águilas vivas para el totocalli o casa de las aves.
La conferencia magistral “La fauna en el Templo Mayor”, que impartirá el arqueólogo se realizará a las 12:00 horas el 15 de noviembre. Previamente, a las 11:00 horas, la bióloga Fabiola Guzmán, jefa del Laboratorio de Arqueozoología, ofrecerá la plática “Los peces marinos en dos fuentes del siglo XVI”.
Las ponencias se presentarán en la Sala Polivalente del Museo Nacional de la Culturas (Moneda 13, Centro Histórico, Cuauhtémoc). La entrada es libre.
FUENTE- El Informador.

miércoles, 20 de noviembre de 2013

LA GUARDIA CIVIL RESCATA 2000 PIEZAS ARQUEOLÓGICAS EN VALENCIA.

NOTICIAS:


Con 2.000 piezas rescatadas, producto de 60 excavaciones que habrían ocasionado daños por valor de 120.000 euros, la operación Sertorius es el mayor golpe asestado por la Guardia Civil de Valencia contra el expolio en yacimientos arqueológicos de la provincia desde 2001.

Así lo aseguraba este jueves la Guardia Civil al dar a conocer públicamente los resultados de los trabajos efectuados los dos últimos meses en la Sierra de Chiva. La operación, que recuerda el nombre de un célebre militar romano que encabezó una rebelión desde Hispania contra Roma 89 años A.C., entró en su fase decisiva el pasado día 11 de noviembre con la detención de una persona 24 años y la imputación de otra de 59, de nacionalidad española. Desde entonces, agentes de la Guardia Civil de Chiva han conseguido recuperar más de 2.000 piezas arqueológicas tras registrar dos viviendas. Entre el material rescatado hay tanto piedras de molino de origen prehistórico, ibero y romano, como monedas romanas, medievales e iberas, además de piezas de cerámica prehistórica e ibera, entre otros objetos y fragmentos.

Sertorius arrancó en octubre con acciones de vigilancia rural para esclarecer un posible delito de expolio en yacimientos arqueológicos de la Sierra de Chiva. La Guardia Civil identificó, localizó y detuvo a una persona que se dedicaba a excavar en yacimientos en parajes montañosos ubicados en el los términos municipales de Gestalgar, Bugarra, Pedralba y Chiva.

Esta persona utilizaba un detector de metales para localizar objetos en el suelo y subsuelo y, posteriormente, realizar excavaciones con una azada. Normalmente actuaba por las noches durante los fines de semana, a veces ayudado por su padre.

Los presuntos saqueadores se movían en motocicleta y actuaban tanto en yacimientos catalogados como inéditos, según expertos en la materia referidos por la Guardia Civil, por lo que previsiblemente habrán perjudicado, y en todo caso condicionado, la investigación arqueológica relacionada con ellos.

Dentro de este operativo y según las investigaciones realizadas por la Guardia Civil, se han podido esclarecer hasta el momento, 60 delitos contra el patrimonio, tantos como excavaciones. Esperan elucidar más hechos a medida que avancen las investigaciones. No se descartan más detenciones. En el curso de los registros, la Guardia Civil también intervino en uno de los domicilios tres botes de cristal con algo más de medio kilo de cogollos de marihuana, perteneciente a otro miembro de la misma familia. Tanto el detenido por un delito contra el patrimonio históricos, como los dos imputados han pasado a disposición del Juzgado de Instrucción número 2 de Requena.



FUENTE- El País.

domingo, 17 de noviembre de 2013

PIRATAS CONTRA ESPAÑA.

CURIOSIDADES:


El paso del tiempo nos impide conocer dónde y cuándo se produjo el primer ataque pirata del que fue víctima un galeón español. Las aguas de las costas de Cuba, las del Yucatán y las que rodeaban la península de la Florida, eran rumbos frecuentados por los barcos que zarpaban de América con valiosas cargas, presas fáciles y desprevenidas que sufrían el ataque por sorpresa de los piratas que merodean en aquellos mares. Las preocupantes noticias que empezaban a llegar a la Corte y que hablaban de apresamientos provocaron temor y preocupación.

Pronto se harían conocidos los nombres de algunos de los capitanes de origen francés que los habían protagonizado. Jean Terrier y François Le Clerc, este último más conocido por el sobrenombre de Pata de Palo, ocuparon un lugar de honor entre los primeros, dirigiendo a sus hombres en abordajes a barcos aislados o que habían quedado separados de una flota por culpa de un temporal. También adquirió siniestra fama un pirata holandés llamado Cornelius Jol, que en un gesto de vanidad había latinizado su nombre para darse más importancia, famoso por su fortuna a la hora de elegir galeones cargados de tesoros.

Jean Fleury: el pirata francés contra los galeones de Carlos V
Entre esta galería de personajes patibularios destacó Jean Fleury, nombre afrancesado que ocultaba sus orígenes italianos. Capitán al servicio del marino y armador Jean D´Ango, amigo personal del rey Francisco I de Francia, Fleury protagonizó uno de los ataques más espectaculares y provechosos de aquella primera época. Tras la conquista del Imperio Azteca, Hernán Cortés reunió un fabuloso botín compuesto por piezas de oro y plata, piedras preciosas, perlas y objetos suntuosos. Convertido en un hombre inmensamente rico, Cortés tuvo que separar de ese tesoro una parte que entonces era conocida como quinto del rey, tributo que se pagaba al monarca y que correspondía a la quinta parte de lo que se hubiera descubierto. Los capitanes Antonio de Quiñones y Alonso de Ávila, junto con el tesorero Julián de Alderete, fueron los hombres designados por Cortés para transportar el quinto del rey hasta España a bordo de tres barcos cargados hasta arriba de riquezas con las que se esperaba aumentar el poder y la magnificencia de la corte de Carlos I, aunque el monarca nunca llegaría a disfrutarlas.

La pequeña flota zarpó en 1522 del puerto fortificado de San Juan de Ulúa en el golfo de México. La travesía sufrió numerosos contratiempos, entre ellos la muerte de Julián de Alderete y el desconcierto provocado por tres feroces jaguares que se llevaban a bordo, exóticos regalos para el rey que se habían escapado de sus jaulas causando graves heridas a varios marineros. Tras una breve escala en la Isla Terceira de las Azores, el capitán Antonio de Quiñones murió apuñalado en una riña provocada por un asunto de faldas. Con Alonso de Ávila como único capitán, los barcos emprendieron la última etapa que los separaba de las costas españolas. Fue entonces cuando Jean Fleury los interceptó al mando de una flota compuesta por seis navíos.

Tras un breve combate, los franceses capturaron dos de los barcos españoles y al capitán Alonso de Ávila, mientras un tercero conseguía ponerse a salvo en la isla de Santa María, una de las que forman el archipiélago de las Azores. Con su enorme botín, Fleury puso rumbo inmediato hacia Normandía, mientras sus ojos y los de su tripulación aún estaban deslumbrados por el brillo de las enormes riquezas que transportaban los barcos españoles. En el listado de las mismas, había una enorme esmeralda con forma de pirámide del tamaño de la palma de una mano, máscaras, brazaletes, collares, pendientes, todo tipo de joyas junto a utensilios cotidianos bellamente labrados y hechos de oro macizo. Además de este tesoro, los franceses se hicieron con importantes documentos, entre ellos la relación sobre los hechos de la conquista del imperio azteca escrita por Hernán Cortés, y valiosas cartas náuticas usadas por los pilotos españoles que permitieron futuras expediciones francesas al Mar de las Antillas. Teniendo como tarjeta de presentación ese cuantioso botín, Jean Fleury se presentó ante la Corte en París.

Francisco I de Francia quedó deslumbrado ante tanto esplendor. Mientras tanto, Carlos I recibió la noticia mientras estaba en Flandes. Al conocer lo sucedido su primera reacción fue de lógica pesadumbre, pero después expresó ante sus colaboradores más cercanos cierto orgullo al imaginar la cara del rey francés al contemplar aquel fastuoso tesoro que había caído inesperadamente en sus manos, impresionado ante el poder y las riquezas a disposición del Imperio español. Quien no se consuela es porque no quiere. En cierta medida, como había supuesto el monarca español Francisco I, se sintió abrumado ante aquella demostración del poderío hispano, pero también contribuyó a despertar en él su codicia, deseoso de obtener territorios en el Nuevo Mundo que le permitiesen el acceso directo al oro y la plata americanos.

Después de su espectacular apresamiento, Jean Fleury volvió a hacerse a la mar al frente de una flota francesa con el objetivo de hacerse con el mayor número de barcos españoles procedentes del otro lado del Atlántico. Según su propio testimonio, que teniendo en cuenta que procediendo de un francés hay que poner en cuarentena, Fleury atacó a más de ciento cincuenta navíos a lo largo de los cinco años que operó en las aguas comprendidas entre las Islas Canarias y la Península. Sus días como pirata al servicio de la Corona francesa terminaron cuando en 1527 fue capturado cerca de las costas de Cádiz por el capitán vizcaíno Martín Pérez de Irizar. Fleury y sus oficiales fueron encerrados en sus calabozos hasta que las autoridades decidieron enviarlos a la Corte: Carlos I ordenó que fuera ejecutado y fue ahorcado en las proximidades de la cumbre del Puerto del Pico.


Por: José Luis Hernández Garvi

EN BUSCA DE LA,MESA DEL REY SALOMON.


CURIOSIDADES:


En el año 1500 arribó a la diócesis de Jaén Alonso Suárez de la Fuente del Sauce, obispo abulense que se supone anduvo buscando la mesa del Templo de Jerusalén, esto es, la Mesa de Salomón, bajo el suelo de la catedral jienense. Y parece ser que argumentos no le faltaron para ello. Cualquiera que se acerque a este templo se podrá cerciorar del riquísimo contenido iniciático que a decir de expertos como Juan García Atienza o el Planeta Juan Eslava Galán, guarda entre sus paredes. 
¿Pero quién era el tal Alonso Suárez? “Alonso Suárez de la Fuente del Sauce, el obispo insepulto que se enriqueció en una época de penuria económica para la mesa episcopal, construyendo obras cargadas de simbolismo, de criptogramas que conducían a un enigma inconcluso, ganándose el sobrenombre de ‘el edificador’, el constructor de una tradición ocultista que ansiaba llegar al gran descubrimiento”.

Así referían los cronistas la vida y milagros de este personaje, obispo de Jaén a comienzos del siglo XVI, y heredero de una saga de iniciados que al menos, hasta 1893, estuvieron buscando la citada Mesa, amén de varios documentos francamente reveladores, en el laberinto de pasillos que se sitúan bajo el ajedrezado suelo catedralicio. Y es posible que se toparan con algo muy interesante…
“Salomón envió a decir a Jiram de Tiro: Tú sabes que David, mi padre, no pudo edificar un templo en honor del nombre de Yahvéh, su Dios, a causa de las guerras en que se vio envuelto hasta que Yahvéh le puso a sus enemigos bajo las plantas de los pies. Pero ahora Yahvéh, mi Dios, me ha concedido paz por todas partes, pues no tengo enemigos ni conflictos. Por ello he decidido edificar un templo al nombre de Yahvéh, mi Dios, conforme a lo que prometió Yahvéh a mi padre David cuando le dijo El hijo tuyo, al que yo pondré en tu lugar sobre tu trono, ése construirá el templo a mi nombre” (1, Reyes 5–25)
En la Biblia queda recogido. Hacia el 930 a.C., el sabio y poderoso rey Salomón mandó edificar un templo para así glorificar el sagrado nombre de Dios. Y fue el propio Yahvéh quien, dada la humildad del hijo de David, concedió riquezas infinitas y capacidad para obrar siempre con justicia y sabiduría. De este modo el templo, la casa del Todopoderoso en la Tierra, debía ser un enclave en el que la riqueza y el simbolismo brillaran con luz propia. No en vano, en su interior se rendiría culto a la divinidad, y además albergaría en sus majestuosas estancias tres objetos revestidos con el poder de Dios; la mítica Arca de la Alianza, protectora de las Tablas de la Ley; la Menoráh –el candelabro de siete brazos–; y la Mesa de los panes.

Los siglos pasaron y Jerusalén, la “ciudad de la paz” –las paradojas son así–, fue saqueada en múltiples ocasiones. Sin embargo no sería hasta el año 70 de nuestra era cuando las legiones de la poderosa Roma, encabezadas por el emperador Tito, entraron en la ciudad antigua y esquilmaron el templo judío, llevando en su haber las riquezas materiales y espirituales que guardaba con celo la casa de Dios. Cuenta el historiador y cronista Flavio Josefo en su Guerra de los judíos, VI, XXXII, que “fue tan grande el botín que hicieron los romanos, que el oro se vendió en Siria posteriormente sólo a la mitad de lo que valía antes”. Y continuaba narrando en su obra, en los apartados VII, XVIII: “Todo lo que las naciones más venturosas habían podido acumular de más precioso, de más maravilloso y de más caro con el paso de los siglos, quedaba reunido aquel día para dar a conocer al mundo hasta qué punto se elevaba la grandeza del imperio. Entre la gran cantidad de botines, lo que destacaba con dorado brillo eran los que habían sido capturados en el Templo de Jerusalén, la mesa de oro que pesaba varios talentos y el candelabro de oro…”.

Fue una época turbadora. Las constantes invasiones de los bárbaros del norte de Europa acabaron por hacer mella en un ya debilitado Imperio Romano, allá por el año 410 d.C. Los feroces guerreros del godo Alarico ahogaron sus ansias de lucha con la sangre de los vencidos. Las hordas triunfales traspasaron el umbral de la ciudad del Tíber, elevando con orgullo los pendones y las armas al caminar junto al mítico arco de Tito, en el que siglos atrás los mejores artesanos de la piedra grabaran, como un irónico canto a la inexistencia del poder eterno, los relieves en los que se ensalzaba la victoria y el asedio final de la Ciudad Santa, y la situación final del fantástico tesoro en el cercano templo de Júpiter Capitolino y en el palacio de los Césares. De nuevo pasaba a manos extrañas, pero el verdadero valor no anidaba en la suntuosidad de sus joyas o del oro; el verdadero valor del mismo residía en los conocimientos de una supuesta casta de iniciados, que sabedores de su trascendencia, lo protegieron con su vida. No en vano, la tradición secreta afirmaba que su poseedor tendría la llave de acceso al Conocimiento Absoluto… con mayúsculas, que para eso es único.

Pese a tratarse de un punto en el que los historiadores no se ponen de acuerdo, las pistas parecen indicar casi con toda certeza que los utensilios sagrados del Templo de Yahvéh fueron incorporados en su totalidad al llamado “Tesoro Antiguo” de los visigodos, arrastrándolo en sus arcas cuando éstos se asentaron en el sur de Francia, en el siglo VI, concretamente en la ciudad de Carcasona. Con el paso de los siglos la región del Languedoc galo sería “ocupada” por clanes de judíos nómadas, en lo que años más tarde compondría la Septimania, y donde antes de su definitiva expulsión, debieron ocultar una información en cierto desestabilizadora, y si no que se lo pregunten a Dan Brown, el autor de El código da Vinci.



Por: Lorenzo Fernández Bueno

viernes, 15 de noviembre de 2013

EL TITANIC ESPAÑOL.

CURIOSIDADES:


A comienzos del siglo XX, el mundo asistió atónito a una explosión constructora sin parangón en los siglos precedentes. Las mejoras en el tratamiento y manipulación de los metales, los últimos adelantos técnicos en el campo de los motores y de las turbinas, el mayor volumen comercial y la audacia de ciertos empresarios y aventureros motivaron que los transportes experimentaran un salto cualitativo, a la par que las ciudades se llenaban de edificios cada vez más altos y sofisticados, los ingenieros salvaban con sus puentes accidentes geográficos antes infranqueables y el cielo se oscurecía con aparatos voladores, que ya conectaban ciudades y continentes. Fueron los tiempos de Eiffel y de Nikola Tesla, del Titanic y del Transiberiano.

Un nuevo mundo, una entrada en la modernidad de la que España no fue de ningún modo ajena. Ahí estaban para demostrarlo empresas como la naviera Pinillos Izquierdo y Compañía. De propiedad privada, la naviera Pinillos, como se la conocía comúnmente, basaba su actividad, a comienzos de ese siglo, en la ruta España-América. Un puente que compartía con su gran rival, la también española Compañía Trasatlántica.

Por entonces, el comercio mundial se realizaba básicamente por vía marítima y en la carrera por ocupar las primeras plazas ninguna naviera importante escatimaba en gastos a la hora de renovar su flota. Así fue, cómo entre 1912 y 1914, la naviera Pinillos botó dos impresionantes trasatlánticos de un tamaño y confort nunca vistos en España: el Infanta Isabel y su hermano gemelo, el Príncipe de Asturias.

Ambos fueron construidos en los astilleros escoceses de Kingston y, aunque de menor tamaño y capacidad que los ya famosos Mauritania y Titanic, asombraban por su acabado y un exquisito cuidado en los detalles.

Respecto a su diseño exterior, el Príncipe de Asturias tenía una eslora (longitud) de 160 metros y una manga (anchura) de 20. Desplazaba 16.500 toneladas, pudiendo albergar a, según la terminología y clasismo de la época, 150 pasajeros de primera clase, 120 de segunda, 120 de tercera y 1.500 emigrantes.

Como adelantos técnicos incluía unos motores capaces de desarrollar una potencia de 8.000 caballos y el sistema Yarrow Schlick and Tweedy, que buscaba la eliminación de las vibraciones producidas por el motor, con el fin de evitar el desgaste de las máquinas y una mayor comodidad entre el pasaje.

Además, sus promotores exigieron que el casco estuviera dividido en compartimentos estancos, para que pudieran cerrarse en el caso de alguna vía de agua importante. De ese modo, en caso de accidente la estabilidad del buque no estaría comprometida y la navegación seguiría siendo posible. Ahora sabemos que en el caso del Titanic esta tecnología no sirvió de mucho, pero también se debió a que el iceberg que le embistió abrió una vía de agua, tan larga en su casco, que la existencia de compartimentos estancos fue en su caso del todo inútil.

Pero, sin duda, fue en su interior donde el Príncipe de Asturias mostraba todo su esplendor. Como señalaba una crónica de la época, refiriéndose a la primera clase: “el comedor es hermoso y cómodo, con acomodación amplia para el número de pasajeros que conducen. Tiene paneles de roble japonés y marcos de nogal. Las ventanas son cuadradas, de construcción especial, con muelle de equilibrio para asegurar amplia ventilación y comodidad a los pasajeros. En el centro del comedor hay una cúpula elíptica con hermosos cristales decorados y mediante esta disposición el techo resulta muy elevado, altura que aumenta la magnificencia del mismo”. Y esto solo en lo relativo al comedor.

Junto a él, se encontraba el salón de música y una antecámara para realizar festejos o reuniones sociales. Y algo más allá, un salón de escritura y una biblioteca de uso exclusivo para el pasaje. Un piano, especialmente construido para el buque, los muebles de caoba y una tapicería, predominantemente en rosa y oro, completaban el conjunto. Tampoco faltaba un salón para fumadores con paneles de nogal y puentes con sillas y bancos en los que reposar mientras se contemplaba el horizonte.

En cuanto a los camarotes, se situaban en la cubierta de paseo y consistían en una sala, dormitorio y cuarto de baño independientes. Otros incluían tocadores y camas dobles, pero todos estaban lujosamente decorados y poseían conexión directa con el servicio y luz eléctrica, un lujo para la época.

Un escalón más abajo en lujo se encontraban los pasajeros de segunda clase. Como la misma crónica relataba: “El comedor de segunda clase está situado en la cubierta superior y amueblado con roble ahumado. Los paneles superiores y los marcos están esmaltados de blanco. Hay asientos suficientes para todos los pasajeros de segunda clase simultáneamente y un piano para su uso. A popa del comedor de segunda clase hay un salón de fumar con todos los accesorios modernos, incluyendo un bar y tocador”. La naviera deseaba que en el Príncipe de Asturias las dos primeras clases viajaran cómodamente y por eso los camarotes de esta clase también poseían ventiladores eléctricos, luz y ventilación.

Caso diferente eran los camarotes de tercera, en los que se incluían seis literas por habitáculo. Sin embargo, esta merma en el lujo no casaba con el trato degradante reflejado en muchas películas sobre viajes en trasatlántico. Hay que pensar, que si las navieras incluían camarotes de tercera clase es porque buscaban cubrir esa cuota de mercado. De hecho, el 50% de las plazas totales estaban destinadas a las dos primeras clases y el 50% restantes a los de tercera y a los emigrantes. Y por los precios ofertados, casi siempre había más viajeros del segundo grupo que del primero, por lo que había que asegurar ofrecerles un buen servicio. Seguro que no un servicio tan esmerado como el de las dos primeras clases, pero en modo alguno un servicio inhumano.

En cuanto a la tripulación, el Príncipe de Asturias contaba con unas 200 personas, divididas en varias secciones. La más numerosa era la encargada de atender a los pasajeros: cocineros, barberos, camareros, músicos, mayordomos… Les seguían los maquinistas y, ya por último, los tripulantes propiamente dichos. Curiosamente, la mayor parte de los trabajadores del barco provenían de cuatro puntos muy concretos del país: Cádiz, Sevilla, Barcelona y Gorliz-Plentzia. De esta última localidad era el capitán, José Lotina Abrisqueta, un vasco de 44 años de edad con un historial intachable al servicio de la naviera Pinillos. Junto a él, Alejo Gardoqui como primer oficial y Rufino Onzain como segundo. Los tres vascos.


Por: Janire Rámila

LA PLATA DE AMÉRICA.

CURIOSIDADES:


Dónde está el testamento de Adán?». Esta frase, pronunciada con ira por el rey de Francia Francisco I cuando contempló parte de las riquezas que le había enviado Hernán Cortés desde México a su gran rival, Carlos V, ha pasado a la historia como signo de fortuna providencial. El arrebato del soberano francés aludía al reparto del orbe –bendecido por el papa Alejandro VI– entre españoles y portugueses, con exclusión de las demás naciones. Fueron los portugueses, cuyo monarca se titulaba, con buenos motivos, «señor del comercio y la navegación», quienes llegaron primero a las Molucas y las riquísimas islas asiáticas de la especiería, emporio de pimienta, clavo y canela. Pero la búsqueda de la ruta directa de Europa hacia las riquezas de Asia por el oriente, objetivo de los navegantes portugueses, se vio transformada con la «aparición» de América en 1492, cuando Cristóbal Colón, navegante al servicio de los Reyes Católicos, intentó alcanzar Asia navegando hacia occidente, en sentido contrario a los portugueses. 

En la incipiente economía global, que entonces comenzaba a tomar forma, era preciso encontrar productos que por su altísima rentabilidad justificaran el comercio a larga distancia. Había pocos: especias, esclavos y metales preciosos. Por eso Colón, un magnífico propagandista, mezcló en sus cartas a los Reyes Católicos constataciones de la riqueza hallada –«muchos nativos traían piezas de oro al cuello, y algunos perlas atadas a sus brazos»–, con interesadas y disuasorias alusiones a la desnudez y barbarie de los nativos que le salían al encuentro. En una misiva de 1498 señaló: «Lejos de allí había hombres de un ojo y otros con hocicos de perros que comían los hombres y que en tomando uno lo degollaban y le bebían la sangre y le cortaban su natura». Qué imaginación.

En el horizonte de 1500, el negocio de las Indias (que para los europeos aún eran unas «islas y tierra firme del mar océano» situadas frente a las costas de China o Japón) aparecía como un ostensible fracaso. A pesar de que en el segundo viaje colombino había cruzado el Atlántico «gente trabajadora para sacar el oro de las minas» y el propio Colón pidió que le enviaran «lavadores de oro y mineros de Almadén para cogerlo en la arena», la cantidad del preciado metal hallado en ríos y minas en las Antillas fue escasa. Desde luego, resultaba insuficiente para promover la colonización y garantizar el tráfico marítimo en el Atlántico. 

Hasta 1525 se vivió un primer ciclo del oro en Santo Domingo (La Española), Puerto Rico, Cuba y Jamaica, basado en el «rescate» del metal que tenían los indígenas por vía del intercambio de bienes o el pago de impuestos; se le sumaba la explotación de placeres auríferos en ríos y veredas, acompañada de la búsqueda incesante de perlas en Venezuela y Panamá. Pero este suministro de metal duraba poco y por eso se produjo una secuencia repetida en la frontera antillana: los nacientes núcleos urbanos, como Santo Domingo o San Juan de Puerto Rico, se convertían en puertos y bases de retaguardia para el avance hacia el oeste y sur del Caribe. Resultado de la primera orientación, que llevó hacia el oeste a los conquistadores, fue el hallazgo del opulento Imperio azteca, mientras que la segunda, que los condujo hacia el sur, dio lugar a la exploración del litoral en busca de un paso, que Magallanes descubrió en 1520: el estrecho que lleva su nombre. En esta etapa conquistadora, los metales preciosos provenían de la captura de tesoros como el de los aztecas, cuyo monto fue de unos dos millones de pesos. 

Terminada la conquista, fue la colonización, con el desarrollo de la vida urbana, la que determinó el paso de una minería de apropiación a otra de producción. Desde 1540, el oro se buscó en áreas mexicanas como Tehuantepec, pero fue en el siglo XVIII cuando las minas de este metal cobraron importancia. Entre 1741 y 1800 produjeron unas 67 toneladas de oro. Poca cosa en comparación con lo que se explotaba en Nueva Granada, la actual Colombia, más sus áreas limítrofes. En Castilla del Oro, como fue llamada Panamá, la explotación de yacimientos auríferos en Veragua duró hasta que se agotaron. Sobre las cuencas de los ríos colombianos Magdalena y Cauca, señores de minas con cuadrillas de esclavos y, con el paso del tiempo, agrupaciones de negros libres, fundaron aldeas y ciudades que aún perduran. Buriticá, Pamplona, Santa Fe de Antioquia o Barbacoas produjeron oro de hasta 22 quilates. En Quito había lavaderos auríferos y oro en vetas, mientras que en Perú aparecieron yacimientos en Oruro y Asangoro; de allí se envió a Carlos V una pepita de cuatro arrobas en forma de cabeza de caballo. Nada que ver con lo que acontecía en Chile, donde se extraían dos toneladas por año, si las guerras con los nativos lo permitían; el país fue conocido como el «Flandes indiano», porque la porfiada resistencia  de los indígenas recordaba a los españoles la interminable rebelión de los protestantes flamencos. La imagen de América como fracaso, lugar de «forajidos y rescatadores», tan arraigada en la mentalidad contemporánea de españoles y europeos, nació precisamente del rápido agotamiento de este ciclo minero del oro. Pero la historia de la plata fue muy distinta.

La evidencia de la riqueza de México en metales fue obvia para Cortés y sus sucesores, que pusieron en marcha una verdadera red de minas de plata, muchas de ellas convertidas luego en ciudades: Zacatecas, Guanajuato, Tasco, San Luis Potosí, Guadalajara o Oaxaca surgieron como «reales de minas», campamentos dedicados a la extracción de mineral de modo permanente. La verdadera riqueza americana, en rigor, no fue el oro, sino la plata, que durante los siguientes tres siglos, hasta la independencia, sufragó la colonización, pagó el comercio americano con Europa y sobre todo con China, o garantizó la integración de territorios fronterizos, donde se enviaban enormes cantidades de dinero, los situados, para pagar fortificaciones y milicias. Cabe destacar las minas de plata de Zacatecas, descubiertas por Juan de Tolosa en 1548, o la mina de Guanajuato, descubierta casi al mismo tiempo, con La Valenciana, la veta madre, a 514 metros de profundidad. 

En Pachuca, el sevillano Bartolomé de Medina puso en marcha en 1555 el «beneficio de patio», un método de amalgamación con mercurio, entonces llamado azogue, que al comienzo provenía de Almadén. Este proceso recibía su nombre de los patios con albercas llenas de agua, mineral de plata, mercurio y sales que disolvían la plata. Ésta, al disolverse, se adhería al mercurio; entonces se calentaba  esta mezcla o amalgama, de manera que el mercurio se evaporaba y quedaba la plata. 
Gracias al «beneficio de patio» se pudo desarrollar la minería de plata, en especial en el Alto Perú o Charcas, la actual Bolivia. Los precedentes del hallazgo en aquella región de la mina de Potosí, la más importante explotación de plata de todas las épocas, se hallan en tiempos prehispánicos, pero fue en 1545 cuando se descubrió la veta del Cerro Rico, que hizo la fortuna de Potosí. A 4.000 metros de altura y sobre una meseta desolada, desprovista de recursos agrícolas, la villa imperial –título con el que fue reconocida– aumentó su población de unos 12.000 habitantes a 160.000 en el año 1610. Treinta años después aparecieron síntomas de agotamiento y empezó un lento declive que dura hasta nuestros días. 
Junto a la tecnología de patio, el increíble éxito productivo de Potosí se basó en la utilización ampliada de un método de rotación laboral obligatorio para los indígenas, la mita –ya existente antes de la llegada de los españoles–, y en el hallazgo, en 1582, de una mina cercana de mercurio, la de Huancavelica, lo que permitió contar con un suministro alternativo al de Almadén. Éste llegaba a Potosí después de cruzar el Atlántico hasta Panamá en los galeones de la Carrera de Indias, atravesaba el istmo panameño en recuas de mulas, era embarcado de nuevo con destino al puerto limeño del Callao y desde allí se subía hasta los cuatro mil metros del Cerro Rico, a más de 500 kilómetros de distancia. 
El sistema de explotación contribuyó al éxito, pues a pesar de que el subsuelo, como mandaba la tradición del derecho romano, era una regalía de la Corona, ésta otorgaba concesiones que llegaron a 577 para cien filones de mineral; a cambio, recibía el famoso quinto real, un 20 por ciento de la plata extraída. Esta cantidad se conocía de manera perfecta por la cantidad de mercurio que se entregaba a señores de minas y concesionarios para llevar a cabo el «beneficio de patio». Literalmente, no había manera de defraudar ni un real a Hacienda.

Por Manuel Lucena Giraldo

miércoles, 13 de noviembre de 2013

SERTORIO.

CURIOSIDADES:



E n el año 82 a.C., la entrada de Sila en Roma pareció poner fin a las luchas civiles entre aristócratas y demócratas (optimates y populares) que habían ensangrentado la República durante varios años. Tras su victoria en la batalla de la puerta Colina, Sila, proclamado dictador, ordenó terribles proscripciones contra sus enemigos y se lanzó a la caza de los líderes populares que habían huido a distintas provincias del Imperio, en Sicilia, África, Liguria e Hispania. En pocos meses, Pompeyo, general de confianza de Sila, cumplió la tarea e impuso su ley. Pero entonces, en 80 a.C., uno de los cabecillas populares reapareció para hacerse fuerte en Hispania y mantener en jaque a Roma durante casi diez años. 
Este hombre se llamaba Quinto Sertorio. De oscuro linaje, Sertorio se curtió como militar en varios conflictos (en una acción perdió un ojo, algo de lo que se enorgullecería) y se alineó pronto con el bando de los populares, lo que le valió diversos cargos públicos. Poco antes de la entrada de Sila, marchó de Roma para asumir el cargo de gobernador de la Hispania Citerior, de donde pronto fue desalojado por un nuevo pretor enviado por Sila. Sertorio se refugió en Mauritania, donde enseguida se lanzó a reclutar un ejército para continuar la lucha contra Sila. Fue allí donde recibió una propuesta inesperada: los lusitanos le ofrecían encabezar una rebelión contra Roma. Los intereses de los lusitanos no coincidían exactamente con los de Sertorio: aquéllos querían librarse del yugo de Roma, mientras que Sertorio sólo pretendía acabar con el poder de Sila. Pero tenían un enemigo común que hizo posible la alianza. Sertorio ya había estado en Hispania en el año 98 a.C., acompañando al cónsul Didio, que actuó con implacable dureza contra los nativos; esa experiencia le hizo ver que era mucho más inteligente tenerlos como aliados. Así, en el año 80 a.C. Sertorio dejó una parte de sus tropas en África y marchó con 4.000 hombres a la Península. 

Los lusitanos acogieron a Sertorio con los brazos abiertos y lo reconocieron enseguida como su jefe indiscutido, viendo en él en cierto modo a un nuevo Viriato, el caudillo que casi setenta años atrás los había liderado en su gran guerra contra Roma. Para ellos, Sertorio encarnaba al buen romano, al general aguerrido y al hombre dotado de cualidades sobrenaturales; muy supersticiosos, los lusitanos llegaron a creer que el general romano podía conocer el futuro a través de una cervatilla blanca que le regaló un lugareño. Sertorio, por su parte, se apresuró a adiestrarlos en la disciplina militar romana. Como escribe Plutarco, «acostumbrándolos a las armas, a la formación y al orden de la milicia romana, y quitando de sus incursiones el aire furioso y terrible, redujo sus fuerzas a la forma de un ejército, de grandes cuadrillas de bandoleros que antes parecían». 

Gracias a su alianza con los lusitanos, Sertorio encadenó las victorias sobre las fuerzas romanas en Hispania. Su táctica combinaba los métodos romanos con la peculiar lucha de guerrillas lusitana, basada en no dar tregua al enemigo, devastar y rapiñar, obrar con rapidez y evitar batallas en campo abierto. Así logró poner en jaque a Cecilio Metelo, el procónsul enviado por Sila a Hispania, derrotándolo repetidamente mediante estratégicas retiradas. Acto seguido, Sertorio encabezó una gran incursión hacia la Hispania Citerior, un cómodo paseo triunfal en el que tomó primero Segóbriga y Caraca, y luego Bílbilis y Contrebia. Era el territorio de los celtíberos, quienes hicieron también causa común con el general romano. 
Sertorio alcanzó entonces la cumbre de su poder. Decidido a asegurarse el apoyo de los celtíberos, fundó en Osca (la actual Huesca) una escuela con el fin de instruir a los hijos de los nobles celtíberos y, de paso, mantenerlos como rehenes. Además, creó en la misma ciudad un senado indígena, aunque le concedió tan sólo funciones consultivas. Con ello, Sertorio se acercaba a la figura que unos años más tarde encarnaría el propio Augusto, pues su verdadera intención era convertirse en emperador. Según el estudioso Adolf Schulten, el propósito de Sertorio era crear en Hispania una segunda Roma para lograr luego el control de la capital. 

Hispania se convirtió en una caja de resonancia de la política romana, el escenario en el que se iba a decidir quién sería el hombre fuerte de Roma. Todos confluyeron allí. Marco Perpenna Vento, uno de los cabecillas del bando popular huido de la persecución de Sila, unió sus fuerzas a las de Sertorio, quien con la nueva ayuda llevó a cabo una gran ofensiva hacia el Levante. Al mismo tiempo, Pompeyo cruzó los Pirineos con un nutrido ejército y marchó al encuentro de los «rebeldes». Pompeyo logró vencer a Perpenna, muy inferior en astucia y valentía al propio Sertorio, pero este último se interpuso entre ambos y puso sitio a la ciudad de Lauro, entre el campamento de Pompeyo en Sagunto y Valentia, adonde había huido Perpenna. Cuando Pompeyo acudió a socorrer a sus aliados en Lauro, Sertorio le hizo creer que un contingente suyo lo atacaría por la espalda. Consiguió, así, que los habitantes de Lauro se rindieran; Sertorio les concedió la libertad, pero arrasó la ciudad, «no por cólera o crueldad –escribe Plutarco–, porque entre todos los generales parece que fue éste el que menos se dejó llevar por la ira, sino para afrenta y mengua de los que tanto admiraban a Pompeyo».

Pero, desde entonces, la suerte de Sertorio empezó a cambiar. La llegada de las tropas de Metelo, quien había logrado acabar con Lucio Hirtuleyo, hombre de confianza de Sertorio, incrementó mucho la presión sobre éste. Aunque las batallas de Sucron y Sagunto fueron de resultado incierto, sirvieron a Pompeyo para ganar tiempo y obtener de Roma más recursos y tropas. Pudo así, al año siguiente, atacar las bases de Sertorio en territorio celtibérico, poniendo sitio a Calagurris (Calahorra). 
Sertorio se vio obligado a refugiarse en Osca, donde se convirtió en un personaje vil y despótico. Las relaciones con los pueblos nativos se enturbiaron; el caudillo antes aclamado llegó ahora a ordenar la muerte o la venta como esclavos de los estudiantes-rehenes de la escuela oscense. También entre sus aliados romanos cundió el recelo hacia su persona y el miedo a que los arrastrase a la perdición. Fue entonces cuando, movido por la envidia y alentado por la promesa de perdón que el Senado romano había hecho a los partidarios de Sertorio que depusieran las armas, Perpenna tramó una conspiración contra él. Lo invitó a un banquete en su casa para celebrar una falsa victoria, y allí él y los otros diez conjurados lo apuñalaron hasta la muerte. Acabó así la carrera de un general al que Plutarco no dudaba en comparar con otros grandes caudillos de la historia antigua, como Filipo, Antígono y Aníbal; «más fiel y humano que todos ellos, no menos prudente que ninguno, tan sólo les fue inferior en la fortuna, hasta caer asesinado como cabecilla de unos bárbaros». 

Por: Francisco García Jurado

LA VIOLENCIA RITUAL PARTE IMPORTANTE TIAHUANACO.

NOTICIAS:


La arqueóloga boliviana Sonia Alconini presentó esta semana una investigación en ese sentido en el encuentro "Tiahuanaco 1903-La Paz 2013, 110 años de colaboraciones arqueológicas franco-americanas".
Alconini, que hizo conocer su trabajo con un vídeo enviado desde EE.UU., explicó que la investigación se basó en el hallazgo de restos de tres cráneos decapitados en Wata Wata, que fue un importante centro religioso y político controlado por Tiahuanaco.
Wata Wata es una colina al este del lago Titicaca, en los valles de la zona de Charazani, un territorio de la antigua cultura Kallawaya situado en el occidente de Bolivia, cerca de donde floreció la civilización tiahuanacota, anterior a la inca.
Se trata de una región tropical que en su momento fue clave para el aprovisionamiento de Tiahuanaco, que ejerció un dominio político en este sitio por su importancia ceremonial y estratégica.
Las calaveras halladas, que pertenecían a un hombre y a dos mujeres, presentan evidencias de fracturas y cortes deliberados para la remoción de los globos oculares, las mandíbulas, el cuero cabelludo y para la decapitación, según la investigadora.
Alconini ha relacionado la remoción de cabezas humanas con "las estrategias de legitimación de política" aplicadas en Wata Wata.
A su juicio, el caso puede tratarse de una práctica que entiende la decapitación como "una metáfora ritual" al estar vinculada a la "eliminación de la capacidad de guiar, ver y comunicarse" en este mundo y después de la muerte, según las creencias andinas.
Además, en la cultura andina, los cráneos se consideran "potentes fuentes de energía" y la decapitación se asociaba "a esfuerzos por controlar esta peligrosa fuente de poder" en un contexto de conflicto o para dirigir esta fuerza a la protección de otros.
"Todo esto fue parte de esfuerzos estratégicos destinados a extraer el poder investido a importantes miembros de la comunidad, tanto en esta vida como en el más allá, infundir miedo en la población y materializar un mensaje político destinado a cambiar el balance de poder", sintetiza la arqueóloga boliviana.
Previamente, la investigadora descartó que los "cráneos de Wata Wata" sean "cabezas trofeo", ya que dos de ellos son de mujeres y las marcas de violencia no se correspondían con las de batallas.
En las esculturas monumentales del sitio arqueológico de Tiahuanaco, a 71 kilómetros de La Paz, hay iconografía que muestra la práctica de usar cabezas como trofeos.
Así, el personaje central del afamado monumento de la Puerta del Sol de Tiahuanaco sostiene dos báculos en las manos y de sus brazos cuelgan dos cabezas, mientras que la escultura de un guerrero "Chachapuma" hecho en basalto sostiene una cabeza en las manos.
La otra posibilidad descartada es que se trate de restos de cráneos de ancestros venerados, ya que las calaveras de Wata Wata tenían, a su vez, niveles excesivos de violencia para este caso.
La investigadora concluye que la expansión de Tiahuanaco en la región Kallawaya combinó la religión, el intercambio económico y "formas ritualizadas de violencia como estrategias de control".
Esto último plantea un nuevo enfoque de trabajo para entender las decapitaciones o la extracción ocular en este antiguo pueblo.

FUENTE-El Informador.

sábado, 9 de noviembre de 2013

DESCUBREN EL ORÁCULO DE CHAVIN EN EL COMPLEJO ARQUEOLÓGICO LAMBAYECANO CONGONA PERÚ.

NOTICIAS:


Luego un mes de investigaciones arqueológicas, un equipo de especialistas del Museo Tumbas Reales de Sipán descubrió un oráculo de la época Chavín de unos 3.000 años de antigüedad, en el sitio arqueológico de Congona, distrito de Cañaris, provincia de Ferreñafe, región LambayequeEs la primera investigación en zona altoandina de esta región.

Walter Alvadirector del Museo Tumbas Reales, presentó hoy los resultados de esta primera investigación desarrollada en la zona altoandina de Lambayeque, que demuestra que en la sierra norte estuvieron los santuarios dedicados al culto del agua.

Precisó que se ha descubierto un conjunto de estructuras que habría sido un gran santuario."Pensamos que es un oráculo de la época Chavín, con estructuras subterráneas, recintos y espacios reservados donde estuvieron emplazados dos monolitos que llevan imágenes típicas de la cultura Chavín."

 Refirió, que se ha logrado definir dos etapas de construcción, es decir una Pre Chavín, y la otra influenciada por la época Chavín y la existencia de una población de la época nucleada alrededor del santuario.
"Sin duda es un monumento que puede reactivar el interés por la investigación de esta época y que replantea muchas hipótesis y teorías de lo que fue la cultura Chavín. Un Estado religioso teocrático, que se expande por todo el Perú antiguo; y también lo que fueron los desarrollos locales antes de Chavín"argumentó Alva.
Reveló, además, que se ha encontrado fragmentería en cerámica correspondiente a vasijas. "No se ha encontrado vasijas completas. Hay una que está casi entera pero la mayor parte corresponde a cerámica típica de la cultura Chavín y la cerámica característica del formativo regional vinculada a la que fue hallada en Pacopampa, Kuntur Wasi, Poro Poro, Udima (…) en los santuarios que están ubicados en las partes altas de la región de Lambayeque."
El investigador afirmó que este santuario es de la misma época que los otros que existen en cabecera de cuenca como Poro Poro o Sangana.
 "Lo interesante que en este (oráculo de Congona) se constata la influencia directa de la cultura Chavín. Los monolitos son copias exactas de Chavín pero no son columnas son monolitos, es decir han traído imágenes de Chavín y las han creado con su propio estilo porque hay elementos que están adicionados; pero también han traído la modalidad de construir estructuras subterráneas que no hay en otros santuarios de esta región", manifestó.
 Aquí era el lugar donde los dioses hablaban. "El sacerdote oculto en las estructuras subterráneas podía leer y vaticinar a los acólitos su futuro o desarrollar algún tipo de ritual", indicó.
El arqueólogo resaltó que el Santuario de Congona más que una expansión de Chavín de Huántar, era un lugar que ya existía como tal y que en algún momento recibió la influencia ideológica de Chavín."Ha sido encontrado casi intacto y más que todo la afectación ha sido por el desplazamiento de bloques de tierra (…) pero saqueo no ha existido."

Precisó que este santuario tiene una extensión de 40 por 40 metros cuadrados. "El área aún no la podemos definir, porque se extiende por debajo de los campos de cultivo", anotó, tras agregar que existe una majestuosa escalera que no ha llegado a definirse en su totalidad.

Mencionó que en esta intervención arqueológica ha participado un equipo de cinco arqueólogos y 25 obreros. "Se ha trabajado en un total de 10 trincheras de excavación y tres pozos de sondeo que fue la propuesta que se planteó y se ha vuelto a cubrir hasta que se pueda desarrollar un proyecto de conservación y puesta en valor", aseguró.

Alva refirió que la empresa minera Candente Coopper comprometió para estas investigaciones arqueológicas un fondo de 50.000 dólares. "Esta es un primera etapa que se ejecutó y que permitirá que el Estado intervenga en lo que significa su puesta en valor", sostuvo.

Por último, informó que para el próximo año esperan contar con el proyecto para su puesta en valor con financiamiento de la Unidad Ejecutora Naylamp N° 005.

"Por razones de conservación esta singular arquitectura fue cubierta, esperamos que en algún momento pueda desarrollarse un proyecto de conservación y puesta en valor para impulsar el desarrollo de esta comunidad que conserva sus tradiciones y lucha por su desarrollo", remarcó.

Congona es un caserío del distrito de Cañaris, ubicado a 2.800 metros sobre el nivel del mar. Sus pobladores, la mayor parte quechuahablantes, se dedican a las actividades agrícolas y ganaderas con una economía de subsistencia.

VÍDEO:



                                                                                                                 FUENTE-Andina.com.pe