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domingo, 1 de diciembre de 2013

ARQUEÓLOGOS ESTUDIAN UN TEMPLO DEDICADO AL SEÑOR DEL ULTRAMUNDO.

NOTICIAS:



Un equipode antropólogos mexicanos investiga un templo del siglo XVI en la zona arqueológica de Tehuacán, en Puebla, sur de México, que pudo estar dedicado a Mictlantecuhtli, "Señor del inframundo", informó hoy el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).
El templo ha sido bautizado como Templo de las Calaveras, porque en sus muros laterales tiene nichos en los que se encontraron dos cráneos humanos, fijados con estuco, así como cuatro fémures cada uno y por ello los especialistas del INAH consideran que pudo estar dedicado al dios de los muertos, Mictlantecuhtli.

El arqueólogo Ramón López Valenzuela, responsable de la excavación, aseguró que el hallazgo contribuirá a dar mayor difusión a la cultura popoloca.

Aunque sólo se ha explorado el 10 por ciento de la zona arqueológica de Tehuacán, con una superficie de 116 hectáreas, dijo que sería muy positivo presentar lo que se sabe de esta cultura, pues ya se ha explorado el conjunto ceremonial, donde se encuentra el Templo Mayor y ahora el Templo de las Calaveras, y también el área de elite (palacios) donde habitaban los dignatarios popolocas.

La importancia de este hallazgo, explicó López Valenzuela, radica en que este adoratorio es único en su tipo, pues "no se ha encontrado otro igual dedicado a la deidad de la muerte".

La zona arqueológica Tehuacán, que actualmente está cerrada al público, fue la cabecera del señorío del Tehuacán, asiento de la cultura popoloca.

Se localiza en las inmediaciones del poblado de San Diego Chalma, en el central estado de Puebla.






FUENRTE-El Informador

jueves, 21 de noviembre de 2013

MAS DE 400 ESPECIES DE FAUNA EN OFRENDAS AL TEMPLO MAYOR.

NOTICIAS:


El arqueólogo Eduardo Matos Moctezuma  hará una revisión de los trabajos de especialistas que han contribuido en el estudio del material biológico encontrado en ofrendas del Templo Mayor y reflexionará acerca del análisis multidisciplinario de la fauna descubierta en las excavaciones arqueológicas.
El análisis de esas ofrendas del Templo Mayor que los mexicas dedicaban a sus deidades, ha revelado la presencia de más de 400 especies de animales, como moluscos, peces, aves, reptiles y mamíferos, entre ellos seis lobos, dos jaguares y 13 pumas, destaca un comunicado del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).
En unas 60 ofrendas, tanto las depositadas en cajas de piedra como las que fueron colocadas directamente en la tierra, se ha detectado presencia de fauna; en algunas se han encontrado restos de pieles de águilas y ejemplares completos, algunos ataviados como deidades.
De igual manera, se han descubierto objetos elaborados con los huesos, como punzones usados para rituales de autosacrificio que practicaba la élite.
Eduardo Matos Moctezuma, investigador emérito del INAH, indicó que “en el mundo prehispánico los diferentes animales tenían un simbolismo, se relacionaba a las serpientes con el agua, la tierra, el cielo, la fertilidad y el renacimiento; el águila correspondía al sol, el cocodrilo a la tierra. Y todos los elementos marinos que se han hallado, una cantidad enorme de peces grandes y especies más pequeñas, fueron traídos desde ambas costas”.
Matos Moctezuma abordará el tema durante su ponencia magistral “La fauna en el Templo Mayor”, el viernes 15 de noviembre en la Sala Polivalente del Museo Nacional de la Culturas, como parte del cierre de la celebración del 50 aniversario del Laboratorio de Arqueozoología del INAH.
Matos también hablará de los laboratorios de prehistoria, fundados en la década de los 60 por José Luis Lorenzo, quien invitó a colaborar a Ticul Álvarez, cuyo nombre lleva el Laboratorio de Arqueozoología del INAH.
Además, comentará sobre los primeros análisis de fauna ofrendada, cuando el antropólogo Manuel Gamio pidió al especialista Moisés Herrera que estudiara, además de unas esculturas de serpientes, el material biológico que él había encontrado en excavaciones en 1914.
El arqueólogo, quien en 1978 fundó el Proyecto Templo Mayor y de 1987 a 2000 dirigió el museo del mismo nombre, comentó que la fauna hallada en las ofrendas provenía de distintas áreas del país y algunos especímenes eran tributados a los mexicas.
Es el caso de la provincia de Xilotépec, en el occidente de los estados de Hidalgo y México, que tenía la obligación de tributar a Tenochtitlan diez águilas vivas para el totocalli o casa de las aves.
La conferencia magistral “La fauna en el Templo Mayor”, que impartirá el arqueólogo se realizará a las 12:00 horas el 15 de noviembre. Previamente, a las 11:00 horas, la bióloga Fabiola Guzmán, jefa del Laboratorio de Arqueozoología, ofrecerá la plática “Los peces marinos en dos fuentes del siglo XVI”.
Las ponencias se presentarán en la Sala Polivalente del Museo Nacional de la Culturas (Moneda 13, Centro Histórico, Cuauhtémoc). La entrada es libre.
FUENTE- El Informador.

viernes, 15 de noviembre de 2013

LA PLATA DE AMÉRICA.

CURIOSIDADES:


Dónde está el testamento de Adán?». Esta frase, pronunciada con ira por el rey de Francia Francisco I cuando contempló parte de las riquezas que le había enviado Hernán Cortés desde México a su gran rival, Carlos V, ha pasado a la historia como signo de fortuna providencial. El arrebato del soberano francés aludía al reparto del orbe –bendecido por el papa Alejandro VI– entre españoles y portugueses, con exclusión de las demás naciones. Fueron los portugueses, cuyo monarca se titulaba, con buenos motivos, «señor del comercio y la navegación», quienes llegaron primero a las Molucas y las riquísimas islas asiáticas de la especiería, emporio de pimienta, clavo y canela. Pero la búsqueda de la ruta directa de Europa hacia las riquezas de Asia por el oriente, objetivo de los navegantes portugueses, se vio transformada con la «aparición» de América en 1492, cuando Cristóbal Colón, navegante al servicio de los Reyes Católicos, intentó alcanzar Asia navegando hacia occidente, en sentido contrario a los portugueses. 

En la incipiente economía global, que entonces comenzaba a tomar forma, era preciso encontrar productos que por su altísima rentabilidad justificaran el comercio a larga distancia. Había pocos: especias, esclavos y metales preciosos. Por eso Colón, un magnífico propagandista, mezcló en sus cartas a los Reyes Católicos constataciones de la riqueza hallada –«muchos nativos traían piezas de oro al cuello, y algunos perlas atadas a sus brazos»–, con interesadas y disuasorias alusiones a la desnudez y barbarie de los nativos que le salían al encuentro. En una misiva de 1498 señaló: «Lejos de allí había hombres de un ojo y otros con hocicos de perros que comían los hombres y que en tomando uno lo degollaban y le bebían la sangre y le cortaban su natura». Qué imaginación.

En el horizonte de 1500, el negocio de las Indias (que para los europeos aún eran unas «islas y tierra firme del mar océano» situadas frente a las costas de China o Japón) aparecía como un ostensible fracaso. A pesar de que en el segundo viaje colombino había cruzado el Atlántico «gente trabajadora para sacar el oro de las minas» y el propio Colón pidió que le enviaran «lavadores de oro y mineros de Almadén para cogerlo en la arena», la cantidad del preciado metal hallado en ríos y minas en las Antillas fue escasa. Desde luego, resultaba insuficiente para promover la colonización y garantizar el tráfico marítimo en el Atlántico. 

Hasta 1525 se vivió un primer ciclo del oro en Santo Domingo (La Española), Puerto Rico, Cuba y Jamaica, basado en el «rescate» del metal que tenían los indígenas por vía del intercambio de bienes o el pago de impuestos; se le sumaba la explotación de placeres auríferos en ríos y veredas, acompañada de la búsqueda incesante de perlas en Venezuela y Panamá. Pero este suministro de metal duraba poco y por eso se produjo una secuencia repetida en la frontera antillana: los nacientes núcleos urbanos, como Santo Domingo o San Juan de Puerto Rico, se convertían en puertos y bases de retaguardia para el avance hacia el oeste y sur del Caribe. Resultado de la primera orientación, que llevó hacia el oeste a los conquistadores, fue el hallazgo del opulento Imperio azteca, mientras que la segunda, que los condujo hacia el sur, dio lugar a la exploración del litoral en busca de un paso, que Magallanes descubrió en 1520: el estrecho que lleva su nombre. En esta etapa conquistadora, los metales preciosos provenían de la captura de tesoros como el de los aztecas, cuyo monto fue de unos dos millones de pesos. 

Terminada la conquista, fue la colonización, con el desarrollo de la vida urbana, la que determinó el paso de una minería de apropiación a otra de producción. Desde 1540, el oro se buscó en áreas mexicanas como Tehuantepec, pero fue en el siglo XVIII cuando las minas de este metal cobraron importancia. Entre 1741 y 1800 produjeron unas 67 toneladas de oro. Poca cosa en comparación con lo que se explotaba en Nueva Granada, la actual Colombia, más sus áreas limítrofes. En Castilla del Oro, como fue llamada Panamá, la explotación de yacimientos auríferos en Veragua duró hasta que se agotaron. Sobre las cuencas de los ríos colombianos Magdalena y Cauca, señores de minas con cuadrillas de esclavos y, con el paso del tiempo, agrupaciones de negros libres, fundaron aldeas y ciudades que aún perduran. Buriticá, Pamplona, Santa Fe de Antioquia o Barbacoas produjeron oro de hasta 22 quilates. En Quito había lavaderos auríferos y oro en vetas, mientras que en Perú aparecieron yacimientos en Oruro y Asangoro; de allí se envió a Carlos V una pepita de cuatro arrobas en forma de cabeza de caballo. Nada que ver con lo que acontecía en Chile, donde se extraían dos toneladas por año, si las guerras con los nativos lo permitían; el país fue conocido como el «Flandes indiano», porque la porfiada resistencia  de los indígenas recordaba a los españoles la interminable rebelión de los protestantes flamencos. La imagen de América como fracaso, lugar de «forajidos y rescatadores», tan arraigada en la mentalidad contemporánea de españoles y europeos, nació precisamente del rápido agotamiento de este ciclo minero del oro. Pero la historia de la plata fue muy distinta.

La evidencia de la riqueza de México en metales fue obvia para Cortés y sus sucesores, que pusieron en marcha una verdadera red de minas de plata, muchas de ellas convertidas luego en ciudades: Zacatecas, Guanajuato, Tasco, San Luis Potosí, Guadalajara o Oaxaca surgieron como «reales de minas», campamentos dedicados a la extracción de mineral de modo permanente. La verdadera riqueza americana, en rigor, no fue el oro, sino la plata, que durante los siguientes tres siglos, hasta la independencia, sufragó la colonización, pagó el comercio americano con Europa y sobre todo con China, o garantizó la integración de territorios fronterizos, donde se enviaban enormes cantidades de dinero, los situados, para pagar fortificaciones y milicias. Cabe destacar las minas de plata de Zacatecas, descubiertas por Juan de Tolosa en 1548, o la mina de Guanajuato, descubierta casi al mismo tiempo, con La Valenciana, la veta madre, a 514 metros de profundidad. 

En Pachuca, el sevillano Bartolomé de Medina puso en marcha en 1555 el «beneficio de patio», un método de amalgamación con mercurio, entonces llamado azogue, que al comienzo provenía de Almadén. Este proceso recibía su nombre de los patios con albercas llenas de agua, mineral de plata, mercurio y sales que disolvían la plata. Ésta, al disolverse, se adhería al mercurio; entonces se calentaba  esta mezcla o amalgama, de manera que el mercurio se evaporaba y quedaba la plata. 
Gracias al «beneficio de patio» se pudo desarrollar la minería de plata, en especial en el Alto Perú o Charcas, la actual Bolivia. Los precedentes del hallazgo en aquella región de la mina de Potosí, la más importante explotación de plata de todas las épocas, se hallan en tiempos prehispánicos, pero fue en 1545 cuando se descubrió la veta del Cerro Rico, que hizo la fortuna de Potosí. A 4.000 metros de altura y sobre una meseta desolada, desprovista de recursos agrícolas, la villa imperial –título con el que fue reconocida– aumentó su población de unos 12.000 habitantes a 160.000 en el año 1610. Treinta años después aparecieron síntomas de agotamiento y empezó un lento declive que dura hasta nuestros días. 
Junto a la tecnología de patio, el increíble éxito productivo de Potosí se basó en la utilización ampliada de un método de rotación laboral obligatorio para los indígenas, la mita –ya existente antes de la llegada de los españoles–, y en el hallazgo, en 1582, de una mina cercana de mercurio, la de Huancavelica, lo que permitió contar con un suministro alternativo al de Almadén. Éste llegaba a Potosí después de cruzar el Atlántico hasta Panamá en los galeones de la Carrera de Indias, atravesaba el istmo panameño en recuas de mulas, era embarcado de nuevo con destino al puerto limeño del Callao y desde allí se subía hasta los cuatro mil metros del Cerro Rico, a más de 500 kilómetros de distancia. 
El sistema de explotación contribuyó al éxito, pues a pesar de que el subsuelo, como mandaba la tradición del derecho romano, era una regalía de la Corona, ésta otorgaba concesiones que llegaron a 577 para cien filones de mineral; a cambio, recibía el famoso quinto real, un 20 por ciento de la plata extraída. Esta cantidad se conocía de manera perfecta por la cantidad de mercurio que se entregaba a señores de minas y concesionarios para llevar a cabo el «beneficio de patio». Literalmente, no había manera de defraudar ni un real a Hacienda.

Por Manuel Lucena Giraldo

viernes, 1 de noviembre de 2013

PIEZAS ARQUEOLÓGICAS REPATRIADAS BUSCAN SU ORIGEN EN MÉXICO.

NOTICIAS:


Robadas, arrancadas de su hábitat y despojadas de todo contexto, miles de piezas arqueológicas  mexicanas están distribuidas ilegalmente por el mundo y solo en contadas ocasiones se logra que sean devueltas a este país. 

Hay excepciones, como la producida el pasado mes de agosto, cuando un museo estadounidense devolvía a México tres piezas que habían sido robadas y que ahora forman parte de una exposición inaugurada esta semana en el Museo Nacional de Antropología. 

Se trata de "Cabeza de serpiente", una talla en basalto del periodo Postclásico temprano (900-1200); "Tláloc, Dios de la lluvia", hecho entre los años 200 y 900, y una estela tallada en roca basáltica de la costa del Golfo de México. 

Son piezas que, según aseguró el director del Museo Nacional de Antropología, Antonio Saborit, fueron "arrancadas de su contexto", que es "el primer daño patrimonial que causa el saqueo", ya que las inutiliza en términos académicos para su estudio. 

"El contexto es esencial" y los arqueólogos "no solo trabajan en el descubrimiento de una pieza, sino también están estudiando el sitio en el que la encontraron, cómo la encontraron, en qué orientación y para qué servía exactamente", explicó Saborit. 

Las piezas fueron recuperadas por casualidad. Tras ser robadas y sacadas ilegalmente de México fueron a dar a una colección particular en Estados Unidos que fue donada al museo de arte de la Universidad de Miami, cuando su propietario falleció. 

"Cuando el museo se interesó en organizar una exposición de tema prehispánico recurrió al Instituto Nacional de Antropología e Historia mexicano (INAH) y en ese momento los especialistas notaron la naturaleza de las piezas", contó Saborit. 

Las tres piezas tienen un gran peso y tamaño, por lo que no fueron robadas de cualquier manera, sino gracias a una organizada red internacional. 

"Muchos salen como maquinaria en desuso" a través de barcos, camiones o aviones, explicó Martha Carmona, subdirectora de Arqueología del museo, quien contó que los saqueadores tienen "técnicas bastante sofisticadas", taladros y sierras especiales para dañar lo menos posible las piezas. 

En la estela, por ejemplo, es donde "más se nota el proceso de devastación que hicieron para poder trasladar la pieza", ya que se aprecia que tenía una pieza mayor en la parte de atrás que le fue desprendida. 

"En ocasiones si las piezas son o muy grandes o muy altas y es difícil su manejo, sí hemos notado que las fragmentan, las segmentan en el número necesario que ellos consideran para poder transportarlas con mayor comodidad", indicó. 

Puesto que muchas de las piezas que están en el extranjero "las tienen particulares en sus casas", explicó la doctora en Arqueología, es muy complicado saber a cuánto asciende el patrimonio perdido de México. 

Pero de vez en cuando se producen devoluciones, como hace un año, cuando Estados Unidos hizo la mayor repatriación de piezas arqueológicas robadas de museos y sitios arqueológicos tras haber sido decomisadas a traficantes. 

Más de cuatro mil piezas arqueológicas mexicanas decomisadas en ciudades de todo el país y que eran ofrecidas a la venta en el mercado negro de coleccionistas como arcos, flechas y puntas de flecha, textiles, canastos o estatuas. 

Las investigaciones del caso de estas tres importantes piezas devueltas permitieron corroborar que se encontraban vinculadas a Leonardo Augustus Patterson, uno de los más famosos traficantes de bienes culturales, que actualmente está siendo juzgado en España y que tiene cuentas pendientes con varios países, incluido México. 

Según contó Saborit, las piezas podrán observarse en el vestíbulo del museo durante todo el mes de noviembre y después pasarán a ser estudiadas por los especialistas. 

Ya se sabe su procedencia probable, pero aún se ignora el lugar concreto de donde fueron extraídas, y por ello lo más deseable sería que se pudiera averiguar eso para que las piezas pudieran regresar a su lugar de origen.


FUENTE-El Informador

martes, 17 de septiembre de 2013

RESTOS ORGÁNICOS DE MIL CIEN AÑOS EN LA QUEMADA.

NOTICIAS:



Los restos de granos carbonizados de maíz, frijol, calabaza y amaranto, de más de mil 100 años de antigüedad, descubiertos en 2012, sugieren que la zona arqueológica La Quemada, en Zacotecas, fue un asentamiento mesoamericano y no un lugar de peregrinación para grupos nómadas o chichimecas como se creía.


En un comunicado del Instituto Nacional de Antropología e Historia, el arqueólogo Marco Antonio Santos, responsable de esa zona arqueológica señaló que es la primera vez se descubren semillas en un contexto de tipo doméstico y dan cuenta de la alimentación.

Además, de acuerdo a investigaciones se descartó la posibilidad de que los granos hayan llegado vía comercio, porque de maíz y frijol ya han sido localizados de forma aislada en terrazas agrícolas del sitio prehispánico en exploraciones anteriores.

Durante las excavaciones arqueológicas en El Cuartel, los especialistas realizaron pozos de sondeo con los que identificaron tres niveles arquitectónicos colapsados. El primero fue un área de descanso o dormitorio; el segundo -donde se hallaron los restos vegetales y utensilios de cocina- era la terraza donde se preparaban los alimentos.

“Ambos corresponden a la etapa de mayor esplendor de La Quemada, entre 650 y 900 después de Cristo. Están hechos con lajas de piedra y aplanado de arcilla, unidos con fibras vegetales, arcilla y un aglutinante, posiblemente baba de nopal”, refirió el arqueólogo del INAH.

Santos refirió que el tercer nivel del conjunto -elaborado totalmente de adobe entre 900 y 1200 de nuestra era- quizá sirvió como punto de observación astronómica, ya que su orientación es hacia la salida del Sol y es la parte más alta, donde se ve ampliamente la mayoría de la urbe prehispánica.

“Además, durante el solsticio de verano nos hemos percatado que los rayos solares iluminan directamente el centro de la habitación”.

Por debajo del primer nivel se halló una subestructura de tierra de lo que pudo haber sido una plaza, preliminarmente data de entre 300 y 400 d.C., y tal vez tuvo una función ritual, con la posibilidad de que sea la continuación del edificio conocido como Sacrificios o la Media Luna, donde hace un par de décadas se localizaron varios restos humanos”, indicó el arqueólogo.





Paralelamente, se encontró la gran viga de madera, de 2.5 metros de altura y 30 cm de diámetro-, que hace suponer la existencia de bosques en la región, los cuales debieron desaparecer debido a la actividad minera de los últimos 450 años y de la cual se cree que funcionó como travesaño ente el priemro y el segundo nivel.

“Esto sumado a los restos vegetales que datan de entre 650 y 900 d.C., sugieren que la frontera norte mesoamericana estaba mucho más arriba de lo que se ha pensado hasta ahora”.

La Quemada fue un asentamiento prehispánico con una ocupación de 300 a 1200 d.C., con esplendor entre 650-900 d.C.; por las similitudes que guarda con la urbe prehispánica de Altavista, se ha asociado al desarrollo de la cultura chalchihuites, cuya influencia se ve en elementos de arquitectura (patios y crujías con cuatro costados y salones con columnas), diseños en cerámica y decorados con pigmentación verde, azul y amarillo, así como en grandes concentraciones de restos óseos humanos en algunos edificios.

“Dicha urbe -comentó el especialista-, localizada en el municipio de Villanueva, fue construida en cinco niveles sobre un cerro; en el segundo de ellos se localiza la estructura denominada El Cuartel, que fue el área habitacional de la élite del sitio prehispánico, y el cual comprende alrededor de 500 metros cuadrados”.

Santos adelantó que durante la siguiente temporada de excavaciones, que se realizará en los meses próximos, se continuará con las investigaciones y estabilización de El Cuartel; simultáneamente se seguirán realizando los procesos de restauración en los materiales hasta ahora descubiertos.


FUENTE-El Informador.



domingo, 15 de septiembre de 2013

MÉXICO RECUPERA PIEZAS ARQUEOLÓGICAS DE GRAN TAMAÑO.

NOTICIAS:




El Museo de Arte Lowe de la universidad de Miami restituyó al Estado mexicano tres piezas arqueológicas de gran tamaño como son: una Cabeza de serpiente, un Tláloc y un “Noble o sacerdote”.


Esta acción es resultado de la intervención de la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE), la Procuraduría General de la República (PGR), el instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBA) que adoptan en estrecha coordinación para recuperar bienes culturales protegidos que conciernen a la Nación.



Las obras recuperadas desde el pasado 15 de agosto son:



-“Cabeza de serpiente”; tallada en basalto atribuible al periodo Postclásico temprano (900-1200 d.C.) de la región cultural mesoamericana del Altiplano Central. (39.3 x 85 cm).



- “Tláloc, Dios de la lluvia” (200 - 900 d. C.); estela tallada en roca basáltica, con la representación propia de esta deidad mesoamericana. (71 x 40.6 cm)



- “Noble o sacerdote” (600 - 200 a. C.); estela tallada en roca basáltica de la costa del Golfo de México, (146 x 95.5 x 6.8 cm).



Este logro es resultado de la intervención directa de la SRE, de la PGR, del INAH y del Consulado General de México en Miami, y además contribuyó igualmente a esta devolución el Museo Lowe, que con su ánimo constructivo, permitió corroborar los indicios que suponían que las piezas fueron ilícitamente sustraídas del territorio nacional.



Las indagatorias realizadas en torno a este caso permitieron corroborar que estas piezas se encontraban vinculadas a las operaciones ilegítimas y engañosas de Leonardo Augustus Patterson, identificado internacionalmente como presunto traficante de bienes culturales, quien actualmente se encuentra detenido en España por tal motivo.



La repatriación de las piezas restituidas, se realizó sin contratiempo alguno en el marco del Programa para Procurar la Recuperación de Bienes Culturales que la SRE, la PGR, el INAH y el INBA implementan de manera permanente.

El gobierno de México agradeció al Museo de Arte Lowe de la Universidad de Miami su buena disposición, que fue fundamental para la exitosa conclusión del caso.



Dado el vínculo intrínseco que existe entre la identidad mexicana y las piezas arqueológicas de culturas antiguamente establecidas en el actual territorio nacional, así como en virtud de la naturaleza única e irremplazable de tales piezas, la SRE, la PGR y el INAH adoptan de manera permanente las medidas pertinentes para conferirles protección y procurar su recuperación ante la sospecha fundada de que se encuentran indebidamente en el extranjero, señala un comunicado del INAH.

FUENTE-El informador.

viernes, 30 de agosto de 2013

OFRENDA EN ZONA ARQUEOLÓGICA DE TLATELOLCO.

NOTICIAS:


Un cráneo de un individuo decapitado y una vasija, de una antigüedad de cerca de 500 años, conforman una ofrenda prehispánica que fue recientemente localizada al pie del Templo Mayor de la zona Arqueológica de Tlatelolco.


Se estima que la ofrenda, la número 34 hallada en el lugar, pudo haberse colocado durante los rituales de preparación del espacio que ocuparía el templo, por lo que es catalogada de consagración, informó el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) en un comunicado.



El arqueólogo Salvador Guilliem, director del Proyecto Tlatelolco, explicó que el hallazgo se registró en la primera fase de trabajo de exploración arqueológica, por lo que no ha sido posible determinar las dimensiones de la ofrenda, lo que se sabe hasta el momento es que el resto óseo corresponde a un joven adulto y se encontró depositado sobre una vasija.



Los vestigios encontrados se relacionan con un periodo correspondiente a los años 1500 y 1515 d.C.; se estima que el cráneo podría ser de un prisionero de guerra y aún se continúa explorando para saber si existen más restos asociados a la ofrenda.



Añadió que se obtendrán datos más precisos luego del proceso de exploración arqueológica correspondiente y que consiste en la prospección, el registro de los elementos y la clasificación taxonómica.



El hallazgo fue reportado por un encargado de labores de limpieza dentro del Programa de Conservación de los Monumentos Arqueológicos 2013, tras observar una vasija enterrada, lo cual llevaría a Guilliem y a la responsable del mantenimiento de la Zona Arqueológica en Tlatelolco, Paola Silva, a encontrar la ofrenda que había sido tapada con lajas de piedra.



Guilliem adelantó que en las próximas semanas se buscará fijar los límites de la ofrenda ante la expectativa de que pueda equipararse en tamaño a la que se exhibe en la Sala Mexica del Museo Nacional de Antropología, compuesta por una máscara cráneo infantil con incrustación de concha y pirita, y otros objetos que muestran su similitud con las encontradas en el Templo Mayor de Tenochtitlan.

FUENTE-El Informal.es


jueves, 1 de agosto de 2013

SE ESTUDIAN LOS RESTOS DE NAVÍOS EN BANCO CHINCHORRO.

NOTICIAS:


Arqueólogos subacuáticos mexicanos realizaron una expedición al Banco Chinchorro, un arrecife coralino que ha sido trampa para las embarcaciones desde el siglo XVI, en búsqueda de pistas que permitan identificar a los navíos allí sumergidos. 


El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) señaló en un comunicado que sus expertos han registrado hasta ahora 69 sitios con vestigios de naves y sus cargamentos en Banco Chinchorro, situado frente las costas del suroriental estado de Quintana Roo. 

Expertos del INAH tomaron en junio pasado muestras de algunos naufragios, entre ellos del sitio "40 Cañones", quizá el más famoso, localizado al norte del arrecife coralino, apuntó la institución. 

Allí encontraron 36 piezas de artillería que al parecer provenían de una fragata que varó en este lugar en la segunda mitad del siglo XVIII, explicó la arqueóloga Laura Carrillo, responsable del proyecto de investigación. 

Los especialistas en arqueología subacuática también hallaron un ancla, fragmentos de botijas, municiones de mosquete y tubos metálicos dispersos sobre un eje este-oeste. 

Además, liberaron restos que quedan de la estructura del casco como la quilla, sobrequilla y tablones longitudinales y otros transversales que corresponderían a las cuadernas que daban soporte al navío. 

Carrillo indicó que "otros restos importantes de la estructura de madera de la embarcación están bajo una capa de lastre (peso al fondo del barco para darle estabilidad) bastante gruesa, aproximadamente de 1.5 metros, y sobre ella hay cañones". 

"Se trata de una sección en la que se complican las labores de liberación, porque ya es hábitat de corales y otras especies protegidas", explicó. 

El geólogo Óscar Hugo Garduño Monroy ya ha recolectado muestras del lastre para su análisis y conocer su procedencia mediante comparaciones con muestras que se hallan en bases de datos de Europa. 

Carrillo señaló que la intención es "ir buscando pistas" a través de los objetos que permitan precisar la procedencia del buque, mientras historiadores indagan en archivos de México, Guatemala, Cuba y Reino Unido para dar sentido al rompecabezas. 

Sin embargo, la tarea es muy difícil porque "desde el accidente de este navío y hasta nuestros días han sido extraídos artefactos que nos hubieran servido como referentes", comentó la responsable del proyecto que también busca la conservación de los restos. 

La expedición, realizada del 5 al 17 de junio, también incluyó el análisis de corrosión en el sitio de "Caldera", que corresponde a un vapor de fines del siglo XIX o inicios del XX, y de "Ladrillos", un pecio de la centuria pasada, del que se conservan la quilla, la sobrequilla y unos tablones del forro del casco. 

Bajo las aguas de Banco Chinchorro también yacen naufragios de lo que se tiene referencia por fuentes históricas, pero que siguen sin ser identificados por los arqueólogos subacuáticos, uno de ellos es "Tetis", una fragata española del siglo XVIII. 

Chinchorro contiene una muestra de más de cuatro siglos de historia marítima en América y forma parte del Sistema Arrecifal Mesoamericano, que corre paralelo al litoral caribeño de México, Belice, Guatemala y Honduras.