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domingo, 30 de junio de 2013

LOS PARTOS.

CURIOSIDADES:

En el año 53 a.C. Marco Licinio Craso, compañero de Pompeyo el Grande y de Julio César en el triunvirato que regía Roma en ese momento, se puso al frente de un enorme ejército, formado por siete legiones, 4.000 soldados de infantería y otros tantos de caballería, y emprendió la marcha hacia Oriente. Su propósito era dar el debido escarmiento a los partos, un pueblo radicado en Mesopotamia e Irán, al que los romanos suponían tan débil y afeminado como todos los bárbaros del este. Tras cruzar el Éufrates, Craso y sus hombres avanzaron por un territorio desolado, sin agua, bajo un sol abrasador, hasta que llegaron a la llanura de Carras, cerca de la actual ciudad turca de Harrán, situada entre las cabeceras del Tigris y el Éufrates. Allí divisaron por fin al enemigo, unos destacamentos de jinetes sucios y cubiertos de polvo que sumaban apenas 10.000 hombres, en contraste con los 50.000 soldados de los invasores. La victoria parecía al alcance de la mano.
Pero entonces los legionarios escucharon el sonido ronco y terrible de unos tambores de bronce, «mezcla del rugido de fieras y estampido del trueno», según escribió Plutarco; a continuación, los jinetes enemigos se quitaron las capas que los cubrían dejando al descubierto destellantes yelmos, corazas y cotas de malla de hierro y acero. Cuando Craso ordenó atacar, los partos fingieron retirarse para luego realizar una maniobra envolvente que les permitió acribillar a flechazos a los legionarios. El combate duró todo el día y terminó en un desastre completo para los romanos, con nada menos que 20.000 muertos. El propio Craso pereció en una escaramuza. Su cuerpo fue llevado ante el monarca parto, quien ordenó introducirle por la garganta oro fundido como castigo por su legendaria avaricia.

ALGO MAS QUE CUATRO PIEDRAS VIEJAS

NOTICIAS:

Es un proceso minucioso. Manual y lento. El pincel arrastra montoncitos de tierra. Asoma una de las aristas de un sílex y la arqueóloga la marca pegando al lado una chincheta roja. Hace 200.000 ó 300.000 años, otra mano señaló probablemente ese trozo de mineral y lo talló con pericia a golpes de percutor, una piedra calcárea traída desde el Jarama, hasta afilar un bifaz (hacha de mano) con el que podía abrir en canal un elefante. Entonces, Vicálvaro no era Vicálvaro, ni estaban previstas miles de casas alrededor de esta explanada por la que asoma el silex, entre los valles del Manzanares y el Jarama.
Media docena de especialistas rascan la tierra a pleno sol en un secarral de unos 50 metros cuadrados situado casi en mitad de ninguna parte. Sacan a la luz el último hallazgo arqueológico de la región: un taller de sílex del Paleolítico Inferior, bautizado como Charco Hondo. Madrid tiene más de 3.000 yacimientos documentados, de los que 18 se enseñan al público como museos, tanto al aire libre como enclavados en las obras donde se encontraron.
En España no existe un taller documentado de esta cronología como el de Charco Hondo, señala Sergio Bárez, geoarqueólogo y codirector de la excavación. Pero es difícil alcanzar un consenso sobre cuál es su mejor futuro. ¿Se debe tratar y mostrarlo al público como reclaman vecinos de Vicálvaro y los partidos de la oposición? ¿Mejor conservarlo cubierto para abrirlo después a la investigación?
Hace tres semanas que comenzaron los trabajos para sacarlo a la luz, aunque su existencia llevaba documentada desde hace seis años. No hay prisa. La crisis del ladrillo y una sentencia del Tribunal Supremo tienen en suspenso el desarrollo urbanístico en el que están previstas 15.400 viviendas. Otra peculiaridad del taller es su buen estado de conservación. “Es como un instante congelado en el tiempo”, describe Bárez al filo de la cuesta que baja hasta el yacimiento.
La pista para localizarlo fue la depresión que presentaba el terreno en ese punto. Se llevó a cabo un sondeo con una pala y se descubrió. El lugar estaba surcado por pequeños arroyos que erosionaron el suelo y dejaron al descubierto los materiales más resistentes, los nódulos de sílex. Después ese mismo arroyo trajo la arena que lo tapó y permitió su conservación hasta nuestros días. “Así pudieron acceder los hombres primitivos a la materia prima”, añade Bárez. Todavía no se sabe con precisión si eran neandertales o su predecesor, el homo Heidelbergensis. Falta realizar las pruebas que permitan acotar con más exactitud el periodo al que pertenecen los restos.
En los alrededores se han encontrado otros restos de distintas épocas. Los más importantes: Casa Montero, con neolítico de sílex y El Cañaveral, donde se han documentado cuatro yacimientos del Paleolítico Medio (50.000-100.000 años). Y en el mismo desarrollo urbanístico de Los Ahijones, a apenas unos metros, se encuentra una necrópolis Visigoda con 824 tumbas y restos de 1.500 individuos de entre finales del siglo V y el VII. Los hallazgos, en este caso, se han sacado del terreno y se han trasladado al Museo Arqueólogico Regional, en Alcalá de Henares.


FUENTE-El País

sábado, 29 de junio de 2013

RECUPERADA UNA PIEZA ARQUEOLÓGICA QUE FORMÓ PARTE DE LA TORRE DE HÉRCULES.

NOTICIAS:

La concejala de Turismo del Ayuntamiento de A Coruña, Luisa Cid, ha presentado una pieza arqueológica recuperada por esta institución para su incorporación al patrimonio del faro, que, según fuentes documentales, formó parte de la antigua luminaria de la Torre de Hércules. Según ha informado el consistorio, se trata de una piedra troncocónica de 1,18 metros de largo y 0,47 metros de alto que desde este miércoles se incluye en la exposición de la Torre.

La pieza, que permaneció prácticamente olvidada durante más de 30 años en un almacén de la Autoridad Portuaria, fue solicitada el pasado año por la Xunta de Galicia para incluirla en la muestra Gallaecia Petrea de la Ciudad de la Cultura, en Santiago, lugar en el que estuvo expuesta al público hasta el pasado mes de abril. Luisa Cid ha explicado que diversas teorías argumentan que la piedra sería una de las dos piezas que formaban parte de la linterna del faro. Este dato refuerza la teoría del doctor en Ingeniería y asesor del Plan Director de la Torre de Hércules, Manuel Durán, que sostiene que hace 2.000 años el faro coruñés ya disponía de un complejo sistema de iluminación.

La piedra ahora expuesta en la base del faro coruñés formaría parte de ese mecanismo de la antigua luminaria que, a modo de mechero gigante, se colocaría sobre el recipiente que contendría el aceite, el combustible de la luminaria. La iluminación sería, además, móvil, y esta solución giratoria se conseguiría mediante un sistema de espejos, hidráulico y de contrapesos.


FUENTE-El País