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domingo, 8 de diciembre de 2013

DECUBIETA EN ISRAEL UNA CASA DE 10.000 AÑOS DE ANTIGUEDAD.

NOTICIAS:


En una tierra con tanta riqueza histórica como la que queda comprendida entre el río Jordán y el Mediterráneo es difícil encontrar yacimientos que sorprendan a los arqueólogos. Esta semana ha visto una rara excepción. Una excavación al suroeste de Jerusalén, en una zona donde se iba a ampliar una carretera, ha descubierto una estructura de 10.000 años de antigüedad, probablemente una vivienda, que según la Agencia de Antigüedades de Israel es la más antigua del lugar, erigida en el Neolítico y cuyos moradores formaban parte de una generación que comenzaba a abandonar el estilo de vida nómada a favor de uno sedentario, abriendo vías al cultivo y la ganadería.

Otras construcciones en la zona pertenecen a la Edad del Cobre, la segunda mitad del quinto milenio antes de Cristo. Junto a los restos de unos edificios cuya finalidad no se ha identificado aún hay un menhir hexagonal de 1,30 metros de altura y varios cientos de kilos de peso, mínimamente pulido en sus seis lados y con su cara más amplia dirigida al este. Los arqueólogos consideran que era un objeto de culto, lo que podría indicar que cerca de él se hallaba un templo. De momento, en la región sólo se han localizado casas de rezo del Calcolítico en Ein Gedi, en la orilla occidental del Mar Muerto, y en Teleilat Ghassul, en la parte jordana de este.Según los arqueólogos, el edificio fue reparado en varias ocasiones a lo largo de los siglos. Junto a la vivienda se encontraron nueve hachas primitivas, probablemente pertenecientes a una era posterior, que habían sido abandonadas por su dueño. Varias se emplearon como instrumentos de cultivo y otras para el culto. De hecho, hay varios indicios de que en el yacimiento hubo diversos sitios erigidos para la actividad religiosa.

Los expertos han podido trazar la evolución de la comunidad asentada en este lugar gracias al crecimiento y la expansión de los edificios a lo largo de los siglos. “Esta excavación nos ofrece un amplio retrato de la evolución y el desarrollo de la sociedad en este asentamiento a lo largo de las eras”, explica Amir Golani, uno de los directores de la misión arqueológica. “De este modo podemos ver claramente que en la Edad del Bronce, hace 5.000 años, la sociedad rural hizo la transición a una sociedad urbana. Podemos ver claramente un asentamiento que fue planificado gradualmente, que fue incluyendo callejones y edificios que eran muy impresionantes desde el punto de vista de su tamaño y la forma de su construcción”.

El yacimiento, 30 kilómetros al oeste de Jerusalén, se halla en el inicio de la llanura que queda justo oeste de las colinas de Judea, que avanza hasta la costa mediterránea. Se han descubierto sus restos en el transcurso de una excavación para la ampliación de la carretera israelí 38, que atraviesa la localidad de Beit Shemesh y que queda al sur de la autovía principal que une Jerusalén con Tel Aviv. Desde este miércoles las autoridades israelíes abrirán de forma temporal los restos a visitas del público y según la portavoz de la Agencia de Antigüedades de Israel, Yoli Schwartz, algunos objetos se retirarán para su exhibición posterior en museos.A los excavadores les sorprendió especialmente una de las estructuras que presenta suelos enlucidos, con una capa de mezcla para tersar la superficie, algo que representa toda una novedad para un tiempo en el que el hombre ni siquiera conocía la cerámica. Cerca de esa casa se han encontrado restos de una preparadora de mezcla para el enlucido y para el calentamiento de piedra caliza, empleada en la construcción de los edificios.



FUENTE-El País

martes, 3 de diciembre de 2013

HALLAN EN TEL KABRI ( ISRAEL ) UNA DE LAS BODEGAS MÁS ANTIGUAS DEL MUNDO.

NOTICIAS:


Los arqueólogos, que presentaron su hallazgo en la reunión anual de American Schools of Oriental Research (Escuelas Estadounidenses de Estudios Orientales) en Baltimore, encontraron la bodega en el yacimiento Tel Kabri, en el norte israelí, cerca de la ciudad de Nahaiya.

En las ruinas de una ciudad cananea rescataron unas 40 jarras de varios tamaños que podrían llenar unas 3.000 botellas contemporáneas.

En las jarras se guardaba vino de lujo tanto blanco como tinto, concluyeron los científicos al analizar los residuos de sus paredes. El análisis ha demostrado también la existencia de ingredientes como enebro, canela, menta y mirto, y que el vino en cada jarra estaba elaborado en conformidad estricta con la receta.

Tanta meticulosidad es algo que se puede asegurar en un palacio, señalan los científicos. "No era un brebaje que uno hacía a ojo de buen cubero en su bóveda para beber después de un día de trabajo", comenta Andre Koh, de la Universidad Brandeis en EE.UU.

Las recetas podrían provenir del Egipto Antiguo, ya que allí eran populares en esos tiempos vinos de composición parecida. "La bodega está cerca de un salón de fiestas, donde la élite de Kabri y posiblemente huéspedes extranjeros festejaban con carne y vino", comenta Yasur-Landau, de laUniversidad de Haifa, que participa en el estudio. Yasur-Landau añade que "la bodega y el salón fueron destruidos en un evento violento, posiblemente un terremoto".

El hallazgo aporta nuevos datos sobre la vinicultura antigua, señalan los científicos, que esperan que se pueda reconstruir la receta.


VIDEO:




                                                                                         Fuente:,RT Actualidad.COM

domingo, 17 de noviembre de 2013

EN BUSCA DE LA,MESA DEL REY SALOMON.


CURIOSIDADES:


En el año 1500 arribó a la diócesis de Jaén Alonso Suárez de la Fuente del Sauce, obispo abulense que se supone anduvo buscando la mesa del Templo de Jerusalén, esto es, la Mesa de Salomón, bajo el suelo de la catedral jienense. Y parece ser que argumentos no le faltaron para ello. Cualquiera que se acerque a este templo se podrá cerciorar del riquísimo contenido iniciático que a decir de expertos como Juan García Atienza o el Planeta Juan Eslava Galán, guarda entre sus paredes. 
¿Pero quién era el tal Alonso Suárez? “Alonso Suárez de la Fuente del Sauce, el obispo insepulto que se enriqueció en una época de penuria económica para la mesa episcopal, construyendo obras cargadas de simbolismo, de criptogramas que conducían a un enigma inconcluso, ganándose el sobrenombre de ‘el edificador’, el constructor de una tradición ocultista que ansiaba llegar al gran descubrimiento”.

Así referían los cronistas la vida y milagros de este personaje, obispo de Jaén a comienzos del siglo XVI, y heredero de una saga de iniciados que al menos, hasta 1893, estuvieron buscando la citada Mesa, amén de varios documentos francamente reveladores, en el laberinto de pasillos que se sitúan bajo el ajedrezado suelo catedralicio. Y es posible que se toparan con algo muy interesante…
“Salomón envió a decir a Jiram de Tiro: Tú sabes que David, mi padre, no pudo edificar un templo en honor del nombre de Yahvéh, su Dios, a causa de las guerras en que se vio envuelto hasta que Yahvéh le puso a sus enemigos bajo las plantas de los pies. Pero ahora Yahvéh, mi Dios, me ha concedido paz por todas partes, pues no tengo enemigos ni conflictos. Por ello he decidido edificar un templo al nombre de Yahvéh, mi Dios, conforme a lo que prometió Yahvéh a mi padre David cuando le dijo El hijo tuyo, al que yo pondré en tu lugar sobre tu trono, ése construirá el templo a mi nombre” (1, Reyes 5–25)
En la Biblia queda recogido. Hacia el 930 a.C., el sabio y poderoso rey Salomón mandó edificar un templo para así glorificar el sagrado nombre de Dios. Y fue el propio Yahvéh quien, dada la humildad del hijo de David, concedió riquezas infinitas y capacidad para obrar siempre con justicia y sabiduría. De este modo el templo, la casa del Todopoderoso en la Tierra, debía ser un enclave en el que la riqueza y el simbolismo brillaran con luz propia. No en vano, en su interior se rendiría culto a la divinidad, y además albergaría en sus majestuosas estancias tres objetos revestidos con el poder de Dios; la mítica Arca de la Alianza, protectora de las Tablas de la Ley; la Menoráh –el candelabro de siete brazos–; y la Mesa de los panes.

Los siglos pasaron y Jerusalén, la “ciudad de la paz” –las paradojas son así–, fue saqueada en múltiples ocasiones. Sin embargo no sería hasta el año 70 de nuestra era cuando las legiones de la poderosa Roma, encabezadas por el emperador Tito, entraron en la ciudad antigua y esquilmaron el templo judío, llevando en su haber las riquezas materiales y espirituales que guardaba con celo la casa de Dios. Cuenta el historiador y cronista Flavio Josefo en su Guerra de los judíos, VI, XXXII, que “fue tan grande el botín que hicieron los romanos, que el oro se vendió en Siria posteriormente sólo a la mitad de lo que valía antes”. Y continuaba narrando en su obra, en los apartados VII, XVIII: “Todo lo que las naciones más venturosas habían podido acumular de más precioso, de más maravilloso y de más caro con el paso de los siglos, quedaba reunido aquel día para dar a conocer al mundo hasta qué punto se elevaba la grandeza del imperio. Entre la gran cantidad de botines, lo que destacaba con dorado brillo eran los que habían sido capturados en el Templo de Jerusalén, la mesa de oro que pesaba varios talentos y el candelabro de oro…”.

Fue una época turbadora. Las constantes invasiones de los bárbaros del norte de Europa acabaron por hacer mella en un ya debilitado Imperio Romano, allá por el año 410 d.C. Los feroces guerreros del godo Alarico ahogaron sus ansias de lucha con la sangre de los vencidos. Las hordas triunfales traspasaron el umbral de la ciudad del Tíber, elevando con orgullo los pendones y las armas al caminar junto al mítico arco de Tito, en el que siglos atrás los mejores artesanos de la piedra grabaran, como un irónico canto a la inexistencia del poder eterno, los relieves en los que se ensalzaba la victoria y el asedio final de la Ciudad Santa, y la situación final del fantástico tesoro en el cercano templo de Júpiter Capitolino y en el palacio de los Césares. De nuevo pasaba a manos extrañas, pero el verdadero valor no anidaba en la suntuosidad de sus joyas o del oro; el verdadero valor del mismo residía en los conocimientos de una supuesta casta de iniciados, que sabedores de su trascendencia, lo protegieron con su vida. No en vano, la tradición secreta afirmaba que su poseedor tendría la llave de acceso al Conocimiento Absoluto… con mayúsculas, que para eso es único.

Pese a tratarse de un punto en el que los historiadores no se ponen de acuerdo, las pistas parecen indicar casi con toda certeza que los utensilios sagrados del Templo de Yahvéh fueron incorporados en su totalidad al llamado “Tesoro Antiguo” de los visigodos, arrastrándolo en sus arcas cuando éstos se asentaron en el sur de Francia, en el siglo VI, concretamente en la ciudad de Carcasona. Con el paso de los siglos la región del Languedoc galo sería “ocupada” por clanes de judíos nómadas, en lo que años más tarde compondría la Septimania, y donde antes de su definitiva expulsión, debieron ocultar una información en cierto desestabilizadora, y si no que se lo pregunten a Dan Brown, el autor de El código da Vinci.



Por: Lorenzo Fernández Bueno