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viernes, 14 de marzo de 2014

ENCONTRADA UNA ESCUELA DE GLADIADORES EN AUSTRIA.

NOTICIAS:

LUDUS
La escuela se ha encontrado cerca de un campamento militar en la orilla sur del Danubio. Los gladiadores vivían en celdas individuales y entrenaban en una pista circular dentro del recinto.
 
Los admirados gladiadores como el que encarnó Russell Crowe en el cine no tenían libertad. Es la revelación conseguida por un equipo de arqueólogos que ha encontrado una auténtica escuela para gladiadores, escondida durante siglos bajo las tierras de Austria.
 La escuela de gladiadores, o Ludus en latín, se encontró cerca de Carnuntum, un campamento militar en la orilla sur del Danubio y capital de la provincia romana de Panonia.
El descubrimiento que se ha publicado en la revista Antiquity, se trata del primer hallazgo de este tipo realizado fuera de la ciudad de Roma.
La escuela, cuyo terreno supera los 10.900 metros cuadrados, estaba equipada con celdas individuales para los gladiadores y un campo de entrenamiento circular ubicado en el patio del recinto. Lo que se ha descubierto sugiere que estos antiguos guerreros vivían como prisioneros.
"Fue una prisión. Eran prisioneros. Vivían en celdas, en una fortaleza con una sola puerta de salida", señala Wolfgang Neubauer, arqueólogo de la Universidad de Viena, en National Geographic.
 
PLANO LUDUS
 
Al menos 80 guerreros que dormían en celdas de 32 metros cuadrados pudieron vivir en esta escuela de combate. El edificio, que cuenta con calefacción por el suelo para afrontar los inviernos, tenía baños, centro médico y un cementerio cercano, en el que los arqueólogos esperan encontrar restos que arrojen más luz sobre los gladiadores. 
 
Para dar con esta escuela de combate se emplearon técnicas sofisticadas de estudio arqueológico, incluyendo la espectroscopia de imágenes aéreas, la inducción electromagnética, y el uso de radar para la prospección bajo tierra.
 

 

martes, 11 de marzo de 2014

UNOS ARQUEÓLOGOS ESPAÑOLES DESENTIERRAN UNA MOMIA DE 3.600 AÑOS EN LUXOR.

NOTICIAS:


MOMIA DE NEB



Los investigadores del Proyecto Djehuty, liderado desde el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), han descubierto en el extremo norte de la necrópolis de Dra Abu el‐Naga, en Luxor (antigua Tebas), un ataúd intacto de un hombre llamado Neb, del año 1600 a.C. correspondiente a la dinastía XVII del antiguo Egipto. La excavación, de seis semanas de duración, está patrocinada por Unión Fenosa Gas por tercer año consecutivo.

 

Este hallazgo, realizado durante la XII campaña de excavaciones arqueológicas, arrojan luz sobre la dinastía XVII. En este periodo histórico, aún poco conocido, la ciudad de Tebas se convierte en capital del reino, y se asientan las bases del imperio, y del dominio egipcio sobre Palestina, Siria, y Nubia.

El proyecto, dirigido por el investigador del CSIC, José Manuel Galán, del Instituto de Lenguas y Culturas del Mediterráneo y Oriente Próximo, cuenta este año con un equipo de 16 especialistas españoles y cuatro extranjeros.

El cuerpo de Neb ha sido hallado en una cámara sepulcral excavada en la roca a cuatro metros de profundidad. El ataúd, de dos metros de largo medio metro de ancho, se encuentra en buen estado de conservación, y mantiene brillantes los colores de su decoración original.

La entrada fue descubierta perfectamente cerrada con adobes, por lo que ya se intuía que nunca había sido abierta tras depositar el ataúd. Dentro de la pequeña cámara tallada en la roca se ha recuperado un gran ataúd antropomorfo de madera tallado y decorado siguiendo el estilo característico de la dinastía XVII, denominado “rishi” (que significa “alas” en árabe). “Por ese motivo, el ataúd tiene pintado en la tapa un par de alas extendidas sobre el cuerpo del difunto, como si una diosa alada le abrazara por detrás, otorgándole así su protección en el más allá”, detalla Galán.



EXTRAYENDO LA MOMIA 
 
“Este estilo de ataúd es muy poco frecuente, pues estuvo en uso sólo durante un breve periodo de tiempo, cuando Egipto no estaba unificado. Así, muy pocos han sido hallados en su lugar original y han sido bien documentados en su contexto arqueológico”, detalla el investigador del CSIC.
 
Una inscripción recorre desde el pecho hasta los pies la tapa del ataúd dirige una invocación de ofrendas a un hombre llamado Neb. Su momia todavía se encuentra dentro de la caja y, aparentemente, en buen estado.
 
Este hallazgo, junto con otros llevados a cabo en ese mismo área, confirman que Dra Abu el-Naga era el lugar donde se hicieron enterrar los miembros de la familia real de la dinastía XVII y sus cortesanos, 1600 a.C. Un periodo poco conocido y, al mismo tiempo, clave para entender el origen del imperio Egipcio, así como la estructura y funcionamiento de la administración en la nueva capital del país, Tebas.

La dinastía XVII se enmarca dentro del periodo histórico denominado Segundo Periodo Intermedio (entre 1800 y 1550 antes de nuestra era), caracterizado por la hegemonía de gobernantes de origen siro‐palestino asentados en el Delta oriental. Se trata de una época de gran complejidad política, en la que la monarquía no controlaba todo el territorio y el poder efectivo se hallaba en manos de los gobernadores locales.

En un contexto político fragmentado, la dinastía XVII, originaria de Tebas, la ciudad meridional más importante, lideró la reconquista y la expulsión de los gobernantes del norte (denominados hicsos). Además, unificó el país y propició el germen de una nueva etapa histórica en Egipto, el Imperio Nuevo, la época de los grandes reyes que forjarían el imperio egipcio desde su nueva capital, Tebas.

Durante los últimos años, el Proyecto Djehuty ha excavado junto al patio de entrada de la tumba del alto dignatario que pone nombre al proyecto. En esa zona se han encontrado hasta el momento varios enterramientos de una época anterior a Djehuty, de la dinastía XVII (1600 a.C). El año pasado, la misión española descubrió un ataúd intacto de un niño de cinco años, y en esta campaña, que está a punto de terminar, se están excavando tres pozos funerarios. Dos de ellos fueron saqueados en época antigua.

Estos hallazgos permiten completar el puzle del trabajo realizado durante estos años en las tumbas de Djehuty, supervisor del Tesoro de la reina Hatshepsut (1470 a.C.), Hery, cortesano que vivió unos 50 años antes que dicho escriba real.

“Descubrimos entonces que Djehuty, al contrario que el resto de los cortesanos de su época, decidió no ubicar si su tumba en las inmediaciones del templo funerario de la reina Hatshepsut. El superior del Tesoro prefirió la colina de Dra Abu el‐Naga, medio kilómetro más al norte, porque esa zona también era especial, ya que allí descansaban los miembros de la dinastía XVII”, detalla Galán.
 
FUENTE-La aventura de la Historia.

 
 

lunes, 10 de marzo de 2014

UNAS OBRAS EN NÁQUERA DESTAPAN TUMBAS ISLÁMICAS.

NOTICIAS:


RESTOS DEL enterramiento

Los vecinos de la calle de Lepanto de Nàquera (Valencia) se han levantado este lunes con una sorpresa: sus casas están construidas sobre un cementerio. Las zanjas que una empresa está realizando en la calle para instalar conductos de gas, han dejado al descubierto tres fosas con esqueletos de personas enterradas en época islámica. Fuentes municipales explican que la obra cuenta con el permiso de la Dirección General de Patrimonio de la Consejería de Cultura por estar considerada una intervención arqueológica.
Algunos de los padres que llevaban a sus hijos a la escuela infantil municipal, se han sorprendido esta mañana al ver la obra. Fuentes municipales explican que incluso uno de ellos ha realizado fotografías y ha acudido al Ayuntamiento alarmado por un hallazgo que podía verse al aire libre desde la calle.
El Ayuntamiento de Nàquera asegura que conocía la existencia de este cementerio y que los trámites para la autorización de la obra han seguido los cauces habituales: cuando la empresa Gas Natural solicitó al Ayuntamiento el permiso para excavar en la calzada, este les informó de que había un cementerio islámico en esa zona y era la Consejería de Educación y Cultura quien debía autorizar y supervisar la obra. Según estas mismas fuentes, la consejería, a través de la Dirección General de Patrimonio, emitió un informe en el que proponía la autorización una excavación que, añaden, está siendo dirigida por un arqueólogo designado por el departamento que encabeza María José Català.
Aunque el Ayuntamiento no ha sabido precisar cuál es la extensión del cementerio, la fecha de los enterramientos, ni la cantidad de personas que puede haber enterradas, aseguran que la empresa estaba informada de este hallazgo y los gastos extraordinarios de la obra corren a cargo de la propia compañía del gas. Los esqueletos encontrados, serán llevados a un depósito donde la Consejería se hará cargo de ellos. Por lo que respecta a las vasijas y otros objetos que pudieran hallarse, serán llevados al museo arqueológico de Valencia, según explica el Ayuntamiento de Nàquera.
Según explica su web municipal, son pocos los restos islámicos que quedan en Nàquera, ya que el cementerio islámico, situado bajo el Paseo de las Delicias, "se ha ido arrasando casi por completo conforme se ha construido en esta zona".


FUENTE-El País.

sábado, 8 de marzo de 2014

SAMURAIS ( la guerra entre clanes ).

CURIOSIDADES:

MUERTE ANTES QUE RENDICIÓN


En el año 794, el quincuagésimo emperador de Japón, Kanmu, decidió establecer su corte en una ciudad situada en el centro de sus dominios, la actual Kyoto, llamada por entonces Heian-kyo, «la capital tranquila y pacífica». Se inició así una larga y brillante fase de la historia japonesa, el llamado período Heian (794-1185), que estuvo marcado por el predominio de la gran aristocracia cortesana reunida en la ciudad imperial, entregada allí al cultivo de las artes y a la imitación de la refinada cultura del Imperio chino, auténtico modelo del Japón medieval. Sin embargo, lejos de Kyoto, en las provincias más agrestes del país, empezaba a hacer su aparición un tipo de guerrero que pronto impondría su ley y que acabaría encarnando el espíritu japonés durante más de un milenio: el samurái.

Al principio, al samurái se le llamó de diversas maneras: tsuwamonomononofubushi… A veces también se le llamaba yumiya hito, «gente de arco y flechas». Pero el término que acabó imponiéndose fue el de saburai, es decir, «servidores», de donde procederá la palabra que ha hecho fortuna en las lenguas occidentales, samurái. Sobre sus orígenes existen diversas tesis. La tradicional sitúa a los primeros samuráis o servidores armados como defensores de una propiedad agraria. Otros suponen que surgieron como soldados-cazadores en las provincias del este, o bien como soldados-marineros en las del oeste. También se ha afirmado que eran jinetes armados naturales de las provincias del este, conocidas por su abundancia de «buenos caballos, buenos arqueros y buenos chamanes». Otras teorías plantean que los primeros samuráis formaban parte de bandas de forajidos de las provincias del este que mantenían vínculos comerciales con las comunidades agrícolas vecinas, especialmente los ainus, la etnia autóctona del noreste de Japón.

Comoquiera que sea, en el siglo X los samuráis formaban ya una clase social muy bien definida, que se caracterizaba por la propiedad de la tierra y por la actividad guerrera. Su condición se transmitía incluso hereditariamente. Frente a estos poderosos guerreros, los campesinos sentían temor –pues el samurái iba armado–, mientras que la corte imperial y la refinada nobleza cortesana, obsesionadas con la idea de que la violencia conllevaba una contaminación, sentían desprecio ante un guerrero que era considerado  impuro por la sangre que derramaba. Todo ello permitió a los samuráis dedicarse libremente a los asuntos militares y acrecentar su reputación guerrera. Fue así como a mediados del siglo XII los samuráis alcanzaron su madurez e irrumpieron con fuerza en la escena política japonesa.
En 1156, la muerte del emperador Toba desencadenó una guerra entre facciones de la nobleza, la llamada guerra Hogen. Cuatro años más tarde se produjo otro cruento conflicto por el control del trono imperial, la conocida como rebelión Heiji. Ambas crisis revelaron a la corte imperial japonesa su propia debilidad y el decisivo poder de la clase de los samuráis para dirimir sus disputas.

Las guerras Hogen y Heiji sirvieron para afilar las espadas ante un conflicto aún más grave, las llamadas guerras Genpei (1180-1185). La denominación procede de la primera sílaba del nombre de los dos bandos de samuráis que se enfrentaron en ese conflicto: los Genji (o Minamoto, en lectura japonesa) y los Heike (o Taira). Estos últimos se habían hecho con el poder tras la rebelión Heiji, y desde aquel momento su líder, Kiyomori, no había cesado de maltratar a la nobleza y a la corte imperial. Finalmente, éstas buscaron socorro en el otro gran clan samurái, el de los Genji, los perdedores en la última crisis y que seguían lamiéndose las heridas en las provincias orientales del país. El líder de los Genji, Yoritomo, con la ayuda de su primo Kiso y de su hermanastro Yoshitsune, así como de otros clanes aliados, terminó por enarbolar la bandera de la rebelión contra los Heike y emprendió una guerra que duraría cinco años.

Uno de los protagonistas de este conflicto fue Yoshitsune, el mencionado hermanastro de Yoritomo. Las crónicas se explayan en sus acciones de inaudita osadía. Una vez, por ejemplo, descendió al frente de treinta jinetes por un despeñadero de cincuenta metros de altura, «con los ojos cerrados» para no ver la sima. Así pudo tomar por sorpresa a los guerreros Taira en su campamento, una acción que le dio la victoria en la batalla de Ichi-no-tani, en marzo de 1184. Al año siguiente, Yoshitsune se lanzó a una confrontación naval con los Taira, en Yashima, al sur del país. Se hizo a la mar en una noche de tormenta, tras obligar a punta de flecha a los marineros a que los llevaran a la orilla donde se encontraba el enemigo, pudiendo así, impulsados por un viento huracanado, cubrir en cuatro horas una travesía que habitualmente exigía tres días; tal fue el inicio de la batalla de Yashima, que concluyó también en un triunfo de los Minamoto. Los Heike se vieron obligados a replegarse al sur, llevando consigo, como emblema de su legitimidad, al heredero imperial, Antoku, un niño de ocho años.

Poco después de la batalla de Yashima, las dos flotas enemigas se avistaron en las aguas del estrecho de Dan-no-ura, entre las grandes islas de Honshu y Kyushu, al sur del país. Iban a librar la batalla más decisiva y famosa de la historia de Japón. La flota de los Genji, al mando de Yoshitsune, estaba formada por tres mil naves, mientras que la de los Heike, tras las defecciones de algunos clanes, sumaba mil navíos y varias decenas de embarcaciones chinas. La aparición de una inmensa nube sobre la flota de los Heike y los bancos de delfines que nadaban a su alrededor se interpretaron como signos de mal augurio para los rivales de los Genji.

La batalla empezó con un intercambio de flechas al que siguió el combate cuerpo a cuerpo. Según las crónicas, «los samuráis de los dos ejércitos lanzaron sus gritos de guerra y ¡qué formidable estruendo produjeron! Diríase que su eco llegó a la mansión del dios Bonten, en el alto cielo, y a la del rey Naga, en el profundo mar». Inicialmente, la batalla parecía inclinarse en contra de los Genji; pero la estrategia de Yoshitsune y el súbito cambio de marea producido a media tarde resultaron desastrosos para la flota de los Heike. El mar pronto se tiñó de rojo por la sangre de los samuráis abatidos, mientras sus líderes, de dos en dos y cogidos de la mano, compañeros de armas, hijos y padres, se arrojaron al mar con sus pesadas armaduras: preferían morir antes que sufrir la ignominia de caer prisioneros.

Entre estas víctimas voluntarias se encontraba la viuda de Kiyomori, el señor de los Heike, que se lanzó resueltamente al mar desde el barco llevando en los brazos a su nieto, el emperador niño Antoku, en una de las escenas más dramáticas de la historia japonesa. Todavía hoy, dicen los japoneses, los caparazones de los cangrejos pescados en Dan-no-ura presentan toscas líneas que parecen reproducir el rostro angustiado de los suicidas. Lo más importante, en todo caso, fue que bajo las aguas de Dan-no-ura quedó sepultado para siempre el poder político de la corte imperial. Desde entonces, hasta la entrada de Japón en la corriente de la modernidad en el siglo XIX, el samurái y sus valores señorearon el país.

Yoshitsune, vencedor en Dan-no-ura y de la guerra Genpei, se convirtió a sus 26 años en el samurái más famoso del país, pero no pudo saborear su triunfo mucho tiempo. Pronto surgió una disensión entre él y su hermano mayor y líder del clan, el cruel Yoritomo. En efecto, Yoshitsune había intimado con la nobleza de la capital, hasta el punto de haber contraído matrimonio con una joven de esa clase y haber aceptado distinciones de la familia imperial; todo ello, sin pedir permiso a su hermano y jefe de su clan como establecía el código del vasallaje en esa época. Para Yoritomo, aquello era una traición imperdonable y decidió castigarla ordenando una persecución implacable contra su hermano. Así, el destino del joven vencedor de las guerras Genpei, inmortalizado por la literatura posterior, consistió en vagar durante tres años como fugitivo por mar y montaña, siempre acosado por los samuráis del líder del clan.

La persecución del joven héroe llegó a su fin en el río Komoro, en el norte del país. Allí, Yoshitsune, con su familia y un pequeño grupo de nueve seguidores, se vio rodeado por una gran fuerza de ataque de unos 30.000 hombres. No había escapatoria posible. Uno tras otro, los escasos partidarios que le quedaban fueron cayendo. Al final, apareció ante los perseguidores una figura enorme y solitaria, con su armadura negra plagada de flechas enemigas: era el fiel Benkei, un monje guerrero que había acompañado a Yoshitsune en todas sus aventuras y que resistía como un león malherido a fin de dar tiempo a su señor Yoshitsune a cumplir su deber de samurái: quitarse la vida. Los atacantes lo vieron inmóvil, esperando su asalto sin inmutarse; sólo cuando la brida de un caballo, al acercarse, derribó su cuerpo descubrieron que el temible Benkei había muerto hacía tiempo. Yoshitsune, entretanto, después de rezar el Sutra del Loto y componer un poema de despedida, ejecutó el seppuku, el suicidio ritual característico de los samuráis, no sin antes haber quitado la vida a su esposa y a su hija. Tenía treinta años. A partir de entonces pasó a ocupar un lugar distinguido en la larga lista de héroes trágicos tan queridos para el pueblo nipón. Y es que, extrañamente, en la mística del heroísmo japonés nada se valora más que el fracaso final.

MONJE BUDISTA DEFENDIENDO A SU SEÑOR


Las guerras Genpei forman el núcleo narrativo de la principal fuente histórica sobre los primeros samuráis: el texto anónimo titulado Heike Monogatari, «El cantar de los Heike», un poema épico que puede compararse con la Ilíada de Homero. Los cientos de guerreros que, como Yoshitsune, desfilan en esta obra muestran los rasgos que caracterizarán a los samuráis durante toda su historia: obsesión y orgullo por el nombre, miedo visceral a la deshonra, destreza militar, desdén por la muerte y absoluta lealtad a su señor.
La asociación entre el suicidio y el honor, ilustrada por el ejemplo de Yoshitsune y de los cientos de samuráis Heike que se arrojaron a las aguas de Dan-no-ura, forma parte de la armadura espiritual del guerrero japonés. El samurái Wada no Yoshinori escribía en la Historia de los hermanos Soga, un breviario del código del antiguo samurái de finales del siglo XII: «El código de los samuráis dicta que la vida sea considerada menos importante que una mota de polvo; en cambio, el aprecio por el propio honor debe ser tenido en más peso que el mayor tesoro del mundo». En el Azuma kagami, obra histórica sobre los sucesos de los  siglos XI y XII, el cronista utiliza una frase interesante para referirse a este menosprecio por la muerte: «Lograron el poder de la muerte del guerrero». Una frase que parece indicar que estos hombres poseían la entereza de morir y así triunfar sobre la muerte. Tan deshonroso era ser capturado en combate como seguir vivo en la misma batalla en la que el señor del samurái había perecido.


                                                                 FUENTE- Carlos Rubio. Universidad Complutense (Madrid)



LOS MAYAS DESMENBRARON A SUS ENEMIGOS.

NOTICIAS:



 

 El arte y las inscripciones mayas narran a menudo diferentes rituales de sacrificio humano que podían tener la finalidad de restaurar el orden del cosmos. Las víctimas podían ser torturadas, desangradas, desmembradas y decapitadas, y sus restos mortales arrojados a una fosa común. Un equipo de investigadores de la Universidad de Bonn (Alemania) ha comprobado que los mayas efectivamente consumaron estas macabras ceremonias, según han anunciado los investigadores este mes de septiembre.
El arqueólogo Nicolaus Seefeld se hallaba estudiando para su tesis doctoral el sofisticado sistema de suministro de agua en el antiguo asentamiento maya de Uxul, en Campeche (México), cuando descubrió una fosa común emplazada en una cueva artificial de unos 32 metros cuadrados que antiguamente había sido utilizada como depósito de agua. En su interior yacían los esqueletos de 24 individuos que fueron decapitados y desmembrados hace unos 1.400 años. Los restos mortales de las víctimas, que debieron ser arrojados al interior de la cueva, se encontraban esparcidos de forma desordenada, desprovistos de su articulación anatómica original. Las mandíbulas inferiores, por ejemplo, habían sido cercenadas y separadas del resto del cráneo. En los cuerpos de todos los individuos se han podido constatar signos de violencia extrema, como por ejemplo marcas realizadas con objetos cortantes -hachas, cuchillos o porras- en el cráneo o en la columna vertebral. En cambio, las extremidades de las piernas y de las manos de algunos individuos no sufrieron daños. «Esta observación excluye la posibilidad de que la fosa común fuera un lugar de enterramiento secundario al que fueron trasladados los huesos de los difuntos», afirma Seefeld. 
Los investigadores del Proyecto Arqueológico Uxul -dirigido por Nikolai Grube y Kai Delvendahl, de la Universidad de Bonn, y Antonio Benavides, del INAH- han excavado en el asentamiento de Uxul durante los últimos cinco años con el objetivo de investigar los orígenes y el colapso de los estados regionales en las tierras bajas mayas. El estudio científico realizado con los restos hallados en la fosa común ha permitido determinar la edad y el sexo de 15 de los 24 individuos: un total de 13 hombres y dos mujeres que tenían entre 18 y 42 años de edad en el momento de su muerte. Durante el análisis de los dientes se ha podido observar que algunos tienen diminutas incrustaciones de jade, un símbolo de alto estatus social. Los investigadores no han podido aclarar si los sacrificios corresponden a prisioneros de guerra o a nobles de la propia Uxul. El análisis de isótopos arrojará luz sobre esta cuestión.
 



FUENTE- arqueólogo Nicolaus Seefeld

miércoles, 5 de marzo de 2014

MARCO POLO

CURIOSIDADES:


MARCO POLO



El mundo es un libro –decía san Agustín–, y aquellos que no viajan, no leen de él más que una página». Marco Polo fue un excelente lector del mundo; la crónica de sus viajes maravillosos por Oriente, el Libro de las maravillas del mundo, titulada originalmente Le devisement du monde –La descripción del mundo–, relata veinticuatro años de travesías y descubrimientos por territorios muy alejados de su Venecia natal, entre 1271 y 1295. Acompañado por su padre y su tío, Marco Polo vivirá y trabajará diecisiete años al servicio del gran emperador mongol Kublai Kan.
En este largo, complicado, nebuloso y casi mágico trayecto hacia territorios completamente desconocidos para la mayoría de sus contemporáneos, Marco Polo nos proporciona un caudal inconmensurable de datos sobre los países y los paisajes que atraviesa, así como sobre la gente que trata y conoce, sus historias, costumbres, cultos, cultivos, joyas, tejidos, caminos, comidas y animales. Algunas veces se expresa con un lenguaje de inventario y con aburridas fórmulas estereotipadas, pero muchas otras nos relata lo que ve con un estilo vivo, ágil y ameno con el fin de maravillar a su público y dejarlo boquiabierto.
Para mantener despierta la atención de sus oyentes, Marco Polo y su escriba, Rustichello da Pisa, muchas veces cuentan historias y leyendas con una curiosa mezcla de tiempos verbales que sitúan una acción pasada en el presente para así convertirla en algo vivo e intrigante, y a menudo se dirigen a la audiencia con preguntas directas o con frases admirativas que buscan en todo momento contagiar la emoción y la sorpresa. Estas marcas orales presentes en todo el texto nos indican claramente que el Libro de las maravillas del mundo que ha llegado hasta nosotros era, esencialmente, un texto más para ser escuchado que para ser leído.

El largo trayecto de ida de Venecia a Pekín se alarga tres años (1271-1274) y, a pesar de que es en China y durante los años de servicio en la corte del Gran Kan donde Marco Polo vive y descubre las más grandes maravillas, el camino no está exento de rarezas, curiosidades y milagros que sorprenden, en alto grado, tanto a Marco Polo como después a sus oyentes. Dejando atrás el Próximo Oriente y adentrándose en territorios ya bajo el dominio mongol, Marco Polo descubre en Armenia la mágica silueta del monte Ararat donde se posó el arca de Noé tras el diluvio universal, y en los territorios de la alta Mesopotamia describe las fuentes negras y los pozos de alquitrán, algunos en llamas, siempre encendidos, verdaderos faros en las noches del desierto.
Antes de relatar su paso por Persia, Marco Polo prefiere deleitar a su público con una fábula sobre un milagro obrado por un zapatero ciego y devotísimo de la mítica ciudad de Bagdad, quien, gracias a sus plegarias, consigue que Dios mueva una montaña salvando así a la comunidad cristiana de las manos del terrible califa. Se trata de un cuento fantástico, a la manera de las Mil y una noches, en el cual Marco Polo parece explicar la salvación de la comunidad cristiana de Bagdad en 1258, cuando los mongoles entraron a sangre y fuego en la ciudad, gracias a la intercesión de Doquz Jatún, la esposa del príncipe mongol Hulagu, devota del nestorianismo, corriente cristiana que se había difundido por Asia desde hacía varios siglos.
Pero es el relato de su paso por las planicies de Irán lo que provoca verdadero asombro y hasta escándalo: en lo que parece un recurso para seguir extasiando al público cristiano que escucha sus andanzas, Marco Polo describe la patria de los tres reyes magos de Oriente del Evangelio, y nos habla de sus tumbas y de los cuerpos todavía incorruptos de Gaspar, Melchor y Baltasar. Esta noticia invalidaría la tradición de la conservación de sus huesos en el famoso y venerado Dreikönigsschrein, el relicario de los Tres Reyes Magos de la catedral de Colonia, en Alemania, con lo que estalla la polémica. A continuación, Marco Polo pasa a justificar el origen del culto al fuego que practicaban los habitantes de esos parajes, convirtiendo a los tres reyes magos en mazdeístas o «adoradores del fuego».
 

PINTURA EN LA FIESTA DEL Qingming FIESTA DE LOS Difuntos

Cada vez más lejos de casa, avanzando hacia Oriente, en un mundo envuelto en un aura fulgurante de leyenda y maravilla, el tono de su relato va adquiriendo más y más matices fantasiosos: en el Jorasán persa, la leyenda del árbol seco o solitario que indicaba el fin del mundo, pero que él logra superar, las pavorosas trazas de la destrucción sembrada por las hordas mongolas en el Asia Central, la travesía de los enormes desiertos vacíos, inhóspitos y peligrosos del Taklamakán y el Gobi, llenan el libro de riesgo, intriga y aventura.

La meta de su viaje, Pekín, está cada vez más cerca, pero se halla ya tan lejos de Venecia que nuestro viajero tiene la sensación de estar alcanzando los confines del mundo: los prados infinitos de Mongolia, abiertos a todos los vientos e inabarcables a la vista, lo hacen sentirse verdaderamente en otro mundo; los paisajes adquieren tonos irreales y los presenta como los llanos de los exiliados gigantes bíblicos Gog y Magog del libro del Génesis, de las profecías de Ezequiel, del Apocalipsis... Pero el mundo parece no acabarse ni tener límite alguno, ni temporal ni espacial. Gog y Magog se han convertido en un imperio muy bien organizado hacia el que los Polo se dirigen: la corte de Kublai Kan, establecida en verano en la mítica ciudad de Xanadú (en la actual región china de Mongolia Interior), modelo de la magnificencia y el resplandor del poder del gran emperador mongol, Señor de Asia.

La descripción del maravilloso palacio móvil de Kublai, hecho de bambú y totalmente decorado, con su extenso jardín cerrado lleno de árboles, flores, fuentes y animales exóticos para solaz del gran señor, y con la espléndida corte que le rodea y le acompaña compuesta por nobles, soldados, sabios, monjes y magos informa al público europeo del altísimo grado de magnificencia y lujo de esta ciudad mítica, Xanadú, nombre que a partir de este momento se convertirá para la cultura occidental en sinónimo de esplendor, fasto y opulencia. Entre las maravillas y las rarezas del palacio de verano de Kublai Kan, Marco Polo destaca la presencia de astrólogos, hechiceros, nigromantes, chamanes y encantadores que rodean al emperador mongol: son los bacsi, los influyentes monjes budistas que dominan la corte del gran Kan y que en los suntuosos y espectaculares banquetes ofrecidos por el emperador usan técnicas telequinésicas para acercar la copa de vino o los manjares a la boca de su señor: camareros quietos, concentrados, desplazando objetos con su mente. ¿Magia pura o simple imaginación del autor?
En Pekín, Marco Polo pasa a formar parte de la élite de extranjeros que trabajan al servicio del gran Kan. Así, el veneciano nos descubre lo portentoso del aparato burocrático y administrativo necesario para regir las entrañas de un imperio que hermana las costas del Pacífico, el Índico, el Himalaya y los confines mediterráneos del Próximo Oriente. Marco Polo descubre a los europeos la férrea organización de un ejército de proporciones inmensas, un sistema de correos que funciona a la perfección, la fabricación de papel a partir de técnicas desconocidas en Europa, el uso extendido del papel moneda…

A las órdenes de su nuevo señor, para quien trabajará diecisiete años, Marco Polo viajará por las provincias interiores de China. Sus relatos descubren a los europeos el color amarillento del célebre Huang He (el río Amarillo), sierpes bestiales, junglas sofocantes, brujos médicos, las altas montañas occidentales del Tíbet, el otro gran río chino, el Yang Tse o río Azul, la peculiar orografía del norte de Vietnam con su gente «bella y alta», y describe vívidamente las batallas heroicas de los mongoles para conquistar los territorios de la actual Birmania.

Pero lo que quizá más sorprendió a los europeos fue la descripción del Gran Canal, una antiquísima obra de ingeniería empezada en el siglo VII y en la que trabajaron más de cinco millones de hombres y mujeres. El resultado fue una red de canales artificiales comunicados con lagos y ríos que lo convirtieron en la vía de agua navegable más larga construida por el hombre. A lo largo del Gran Canal discurría la carretera imperial sombreada por árboles plantados con este fin y jalonada con postas de correos.
Las ciudades adosadas al Gran Canal proporcionan a Marco Polo la posibilidad de expresarse en términos superlativos. El tráfico comercial y humano, así como la agitación de las ya abigarradas y superpobladas ciudades chinas sorprenden a nuestro viajero, y sus descripciones no parecen sino exageraciones; las cantidades son ingentes: de barcos, de personas, de mercancías, de riquezas... Todo es tan desbordante que «sin verlo es imposible que alguien lo crea», y Marco Polo llega a admitir que dar cuenta de todo lo que ve y lo que hay supone una «tarea demasiado ardua».
El relato sobre la inconmensurable China se corona con la descripción a fondo de varias ciudades que maravillaron a Marco Polo, quien las calificó de magníficas, opulentas y portentosas. Quinsai, la moderna Hangzhou, la antigua capital de la vencida dinastía Song en Mangi (nombre que los mongoles daban a la China meridional), se reveló al veneciano como un lugar de maravilla absoluta que no dudó en definir como «un paraíso». En aquella época, la ciudad contaba con más de un millón de habitantes y sus dimensiones eran enormes. Todas las cantidades se cuentan por miles: 12.000 puentes, 100.000 guardias, 4.000 baños públicos, 30.000 soldados, banquetes con 10.000 comensales, palacios de 1.000 habitaciones, 1.600 millares de edificios, 50.000 personas en la plaza del mercado... Tanta es la admiración por este monstruo urbanístico y su comarca que le es difícil expresarla en palabras: «Es verdaderamente muy costoso describir la gran nobleza de esta provincia y, por lo tanto, callaré». También la ciudad de Zayton, variopinta, cosmopolita y tolerante, situada en la China del sureste, poblada por comerciantes persas, árabes, indios, marineros, emisarios, oficiales, soldados, monjes y misioneros budistas, taoístas, hindúes, musulmanes, judíos, cristianos nestorianos, maniqueos... provoca que Marco Polo la denomine el «puerto de las delicias».

A pesar de toda la información que nuestro viajero nos proporciona de la China de los mongoles, hay investigadores que dudan de su visita precisamente por todo lo que omite: la historiadora norteamericana Frances Wood, por ejemplo, se pregunta por qué Marco Polo no menciona en absoluto ni la Gran Muralla, ni la escritura ideogramática china, ni el té, ni los palillos de comer o los pies vendados de las mujeres. Pero hay que tener en cuenta que ni la Gran Muralla –que sería reconstruida en piedra en el siglo XVII por la dinastía Ming– ni el té, que llegaría a China en el siglo XVI de mano de los portugueses, tenían entonces la importancia que tienen ahora, y las costumbres o características de la civilización china eran en aquel momento, a ojos del veneciano, poco significativas o de escaso valor documental, pues eran los mongoles quienes gobernaban y los chinos el pueblo sometido, y, no hay que olvidarlo, Marco Polo trabajaba para el Kan.

El viaje de vuelta a casa de los Polo, hacia Occidente a través del Índico, enlaza el puerto chino de Zayton con el estrecho de Ormuz (en el golfo Pérsico), donde los viajeros retomarán el camino de regreso por tierra. Tras tantos años en China, el trayecto es de nuevo un gran despliegue de maravillas. Pero, curiosamente, los detalles de este periplo marítimo son menos conocidos, menos citados, a pesar del cúmulo de elementos legendarios que Marco Polo ofrece a sus sorprendidos oyentes y lectores: el trayecto por las islas indonesias, donde topa con caníbales y adoradores de animales vivos; las extrañas islas de Andamán y Nicobar, donde conoce a primitivos hombres con cabeza de perro; el sinfín de maravillas que observa en las costas de la India «que no pueden dejarse en silencio»; las misteriosas islas de Kuria Muria en las costa de Omán, una para hombres y otra para mujeres... Es evidente porqué se agolpaba la multitud en Génova bajo la ventana de la celda donde el capitán Marco Polo pasaba su cautiverio junto al escriba Rustichello da Pisa cuando leía en voz alta sus aventuras. La prisión de Malapaga se convirtió, así, en una incansable fábrica de maravillas que incendió la imaginación de los europeos desde el primer momento en que se puso por escrito el relato del viaje de un mercader veneciano que había atravesado un mundo fantástico, aunque real. La verdad, cuando no se conoce, suena a fábula, pero, afortunadamente, la fantasía de una fábula, bien contada, puede ser totalmente cierta.

FUENTE-Manuel Forcano. Doctor en Filología Semítica y traductor del Libro de las maravillas del mundo

 

 

martes, 4 de marzo de 2014

LOCALIZADO EL BAÑO RITUAL DEL BARRIO JUDÍO DE GIRONA.

NOTICIAS:


ALON BAR EMBAJADOR DE ISRAEL EN EL Mikve
Una excavación arqueológica ha permitido localizar el mikve (o mikveh), el baño ritual del Barrio Judío de Girona. El hallazgo de estos restos del siglo XV en la sinagoga fundada en 1435 y abandonada en 1492, en la zona nordeste del actual Centro Bonastruc ça Porta, pone de manifiesto la importancia del patrimonio judío gerundense. Se trataría de uno de los baños rituales de época medieval, concebidos básicamente para purificar a las mujeres, de los pocos que se han conservado en Europa, junto con los de Montpellier y Sicilia y en la península Ibérica el único junto al de Besalú (Garrotxa), según la directora del Museo de Historia de los Judíos de Girona, Silvia Planas.
El verano de 1492 la expulsión decretada por el rey Fernando contras las comunidades judías obligó a la comunidad gerundense, que estaba formara por una veintena de familias, a vender su sinagoga con los espacios comunitarios circundante. Gracias a disponer en los archivos de los documentos de esta venta, se ha localizado el emplazamiento de la sinagoga, a nivel del patio superior del edifico que hoy en día acoge el Museo de Historia de los Judíos de Girona.
En este lugar estaban las escuelas (sinagoga) de la aljama de los hombres judíos y de las mujeres donde se hace el oficio según el rito judío; el hospital y los baños situados dentro de la judería. En este lugar, el espacio conocido hasta ahora como "cisterna" ha sido tradicionalmente objeto de interpretaciones diversas. Aprovechando la detallada documentación existente, un equipo de arqueólogos de la Universidad de Girona dirigidos por Jordi Sagrera, que ya habían hecho otras prospecciones en el Call, entre el 10 y el 21 de febrero han llevado a cabo una nueva intervención arqueológica. Fruto de estos trabajos según el mismo Sagrera se ha podido afirmar que se ha hallado elmikve, "un elemento mucho más importante desde el punto de vista histórico, que no tanto monumental".
Ahora, según los expertos, se puede asegurar que en el siglo XV el muro de la fachada norte y el de separación respecto a la finca vecina, a levante, cerraban una piscina —lo que anteriormente se había creído que era una cisterna— rectangular, con una profundidad de 1'50 metros. La primera opción finalmente se descartó porqué en esa época todas las cisternas estaban en el subsuelo, ha explicado Sagrera. Se accedía por medio de un dintel largo y bajo dispuesto en diagonal en el ángulo suroeste y por un rellano de losas de piedra que facilitaba el acceso al agua. La piscina comunicaba directamente con una pequeña cámara adyacente ubicada al lado occidental, de la cual también se ha descubierto en esta última excavación el muro de cierre occidental y el pavimento original de adobes rectangulares. Juntos conformaban un conjunto unitario perfectamente estanco al que se entraba por una única puerta abierta en la pared de mediodía. Se conserva el dintel y el arranque de las jambas.
La piscina, se alimenta del agua de un depósito situado a unos dos metros al sur de aquella puerta, espacio que, entonces, probablemente funcionaba como un patio al aire libre. Este depósito es otro nuevo hallazgo. El encargado de la excavación, ha apuntado que "se trata de una estructura de obra delimitada por muros de piedra y de mortero, de planta rectangular" (110x160 por 50 cm de profundidad). "El fondo no es plano, sino que marca un desnivel hacia el norte hasta un agujero de desagüe que atraviesa la pared norte del depósito, en dirección a la sala de la Piscina", ha detallado Sagrera. También se han hallado las canalizaciones por las que circulaba el agua, que procedía, según Sagrera, "posiblemente de la lluvia".
El mikve, que era uno de los espacios más importantes de la estructura sinagogal, se utilizaba principalmente para la purificación de las mujeres. "Cada mes una semana después de la menstruación y entre un mes y dos meses después de los partos, debían sumergirse limpias, desnudas y de pie, tres veces en la piscina para purificarse" ha explicado la directora del Museo. Hasta que no lo estuvieran, no podían cocinar, ni tocar la ropa, ni, sobre todo, ni ser tocadas ni tener relaciones con sus esposos. En ocasiones puntuales, como por ejemplo antes de grandes acontecimientos, también se purificaban los hombres.
Todo este conjunto de estructuras documentadas se amortizaron y se cubrieron entre finales del siglo XV y mediados del XVI. Se puede decir entonces, según el arqueólogo, que "podemos afirmar que estamos ante los restos de un mikve que la población judía de Girona utilizó desde 1435 hasta su expulsión.
El consejero de Cultura, Ferran Mascarell, ha destacado la importancia de este hallazgo "porqué ratifica que somos un país hecho de una mezcla muy notable de realidades que han convivido" y que "es una magnifica aportación a la historia". Para el alcalde, Carles Puigdemont, "otorgan un nuevo interés cultural a la ciudad, resituada como foco de atención internacional". La intención es museizarlo y que se pueda visitar y entre a formar parte del recorrido del barrio judío de Girona.
 

 FUENTE-El País.